LAS NUEVAS MÁQUINAS DE LA VERDAD | Buscando la mentira en la voz, los ojos... y el cerebro

Soy de los que piensa que la sinceridad está muy sobrevalorada. ¿Os imagináis un mundo en el que no existiera la mentira? Los que hayáis respondido con un “ojalá” es que no lo habéis pensado bien. Como vimos en la anterior entrada , en el s. XX fue el polígrafo, el detector de mentiras más popular, aunque su eficacia para tal fin sea más que cuestionable y eso llevó al invento a ser calificado como pseudociencia. Pero eso no significa que los científicos hayan cejado en su empeño en pos de la verdad. LAS NUEVAS MÁQUINAS DE LA VERDAD

LONDRES, PRIMERA SANGRE | Historia de la novela negra y policíaca


En Una Cuestión de etiqueta vimos que los especialistas del género negro no logran ponerse de acuerdo en cuanto a su denominación. Así que no es de extrañar que tampoco haya unanimidad en lo que respecta a su origen.
    Algunos se remontan hasta el Génesis bíblico para encontrar el primer relato negrocriminal con el asesinato de Abel a manos de Caín; otros se acogen a la icónica figura de Edgar A. Poe con su relato Los crímenes de la calle Morgue; y hasta hay quien fija el punto de mira en el país del sol naciente, en unos textos anónimos que relatan las investigaciones de un juez de la dinastía Tang en la China del siglo VIII.
    No obstante, sea cual sea el precedente literario, sí parece existir cierto consenso en señalar a la Inglaterra victoriana del s. XIX como el lugar y época en el que el género tomó forma y desarrollo tal y como lo conocemos hoy.
    Y teniendo en cuenta que fue en esa sociedad donde nació el primer asesino en serie moderno, Jack el Destripador, no es nada extraño que también lo hiciera allí nuestro género.

LONDRES, PRIMERA SANGRE

LOS INGREDIENTES PARA UN BUEN CALDO CRIMINAL

Si para comprender el crimen debemos comprender la sociedad en la que se comete, con la literatura pasa lo mismo. El contexto social marca la literatura que se publica, dado que es allí donde viven los lectores que le dicen a las editoriales en qué historias deciden gastar su dinero. Y, desde luego, la segunda mitad del s. XVIII acumuló suficientes ingredientes al caldo de cultivo del que surgió la novela negrocriminal.
    Como todos sabéis, en ese período se produjo la Revolución Industrial. La frase cliché de «a partir de entonces nada volvería a ser lo era» es la que mejor resume el momento en el que la economía y la sociedad abandonan el entorno rural y agrícola por el urbano e industrial.
    Sería Inglaterra donde se originó dicho período. Algunos autores sugieren que fue así por la distinta concepción del trabajo que proclamaba el protestantismo frente al catolicismo —un valor para el primero; un castigo para el segundo—; otros, por una mayor disponibilidad de materias primas básicas como el carbón, una portentosa flota naval o el resultado de los cambios sociales nacidos de la Revolución gloriosa del s. XVII que trajo a Inglaterra la monarquía parlamentaria, la división de poderes, el reconocimiento de libertades individuales y, en general, la seguridad jurídica necesaria para el desarrollo económico en el que la clase media burguesa tomara el relevo de la aristocracia.
    Una de las principales consecuencias de la Revolución Industrial fue el éxodo rural hacia las ciudades. Algo masivo que desbordó los núcleos urbanos que todavía se encontraban configurados con criterios medievales. Así que, para dar cabida a lo que en su día constituiría la masa obrera, se tuvieron que construir, deprisa y corriendo, viviendas y barrios en las afueras de la ciudad, lo que generó los primeros guetos. Además, por si fuera poco, la población inglesa experimentó una explosión demográfica que elevó los seis millones de habitantes en 1740 a los ¡dieciséis millones y medio en 1850!
    Demasiado para cualquier estado, aunque sea el inglés. Londres, la mayor de sus ciudades, se transformó en un escenario en el que las clases acomodadas de toda la vida habitaban la parte histórica, el centro de la metrópolis; mientras que esos nuevos ciudadanos lo hacían hacinados en barrios masificados y con escasas condiciones de salubridad. En esas condiciones, el alcoholismo, la prostitución o la delincuencia no tardaron en aparecer. 
    Y lo que era peor, al menos para los londinenses de cuna y buenas costumbres, esos malhechores y gente de mal vivir empezaron a compartir con ellos sus respetables calles.
    ¿Quién les iba a proteger?

LA CREACIÓN DE LA POLICÍA METROPOLITANA DE LONDRES

A principios del s. XIX, Londres solo contaba con un dudoso grupo de mercenarios sin cualificación ni retribución del Estado para guardar el orden: los Bow Runners.
    Este pseudocuerpo policial era contratado por particulares y eran estos los que pagaban sus comisiones. Es decir, tenían más de guardaespaldas que de verdaderos policías. Además, según cuenta Charles Dickens en su relato de 1850 La brigada de detectives del cuerpo de policía, tampoco eran muy de fiar:
Ni mucho menos somos devotos de la antigua policía de Bow Street. A decir verdad, creemos que abundaban allí los farsantes entre los hombres honrados. Eso por no hablar de que muchos de ellos eran individuos mediocres y demasiado dados a asociarse con ladrones y gentes de la peor calaña, que nunca perdían la ocasión de chalanear y comerciar con su trabajo para enriquecerse todo lo posible.
    Como vimos en la segunda parte de El crimen como una bella ciencia, esta fue la época en la que comenzaron a crearse los cuerpos policiales modernos para dar respuesta a la nueva realidad y, en 1829, a la creación del Cuerpo de Policía Metropolitana de Londres, en cuyo seno nacería años más tarde el Cuerpo de detectives de la Policía Metropolitana, conocido mundialmente como Scotland Yard.
    Según P.D. James, la creación de este cuerpo policial del Estado fue básico para el nacimiento del género, dado que un relato de detectives lo primero que requería era un servicio oficial de detectives y un sistema organizado de leyes donde el asesinato se mostrara como algo extraño.
    Las calles por las que antes solo paseaban caballeros y damas de alcurnia se convirtieron en un muestrario de distintas clases sociales. Ello lo reflejaron escritores como Dickens, Stevenson o Wilde al mostrar en sus obras esa noche londinense, la espesa niebla, las farolas de gas, las calles transitadas por obreros, mendigos, dependientes, prostitutas, comerciantes, oficinistas, aristócratas y bohemios.



    Pero la vía pública no era el único lugar compartido por la población.

EL TREN DEL TERROR

El ferrocarril se convirtió a partir de 1830 en el medio de transporte de masas. Durante el período de tiempo que durara el viaje, los pasajeros compartían un espacio cerrado con absolutos desconocidos, con vete tú a saber qué intenciones. Atrás quedaba la seguridad de los coches de caballos, donde se podía confiar en el buen status del ocasional acompañante o recurrir al conductor en caso de apuro. Este temor fue recogido en relatos como En la oscuridad del túnel de Ellen Wood, El tren especial desaparecido de Conan Doyle o en clásicos posteriores como El asesinato en el Orient Express de Agatha Christie o en ese encuentro genial de Extraños en un tren de Patricia Highsmith.


    ¿Y qué se podía hacer para abstraerse de lo que rodeaba a los pasajeros durante el trayecto? En aquella época no existía el teléfono móvil. Sí, aunque parezca mentira hubo un tiempo en el que las personas leían cuando no tenían otra cosa que hacer. La lectura se convertía así, no solo en un entretenimiento, sino en una evasión que dotaba al lector de una sensación de seguridad respecto al entorno.
    Pero transportar gruesos tomos de tapa dura es algo que no resulta cómodo, ¿verdad? Es mucho más práctico un periódico, una revista o un folletín. Esa fue la razón de que junto al ferrocarril se crearan los primeros quioscos, los railway stalls, puntos de venta fijos que se instalaron en las estaciones de ferrocarril y en los que se vendía la prensa, revistas y, en general, cualquier tipo de publicación. De ellos, el más popular fue la WH Smith cuya cadena de librerías continúa en la actualidad.

    Y ¿qué se leía en ese Londres del siglo XIX?

OFREZCAN SENSACIONALISMO, POR FAVOR

Inglaterra también fue la cuna del periodismo moderno. De hecho, en 1702 nació el primer diario, el Daily Courant, creado por Samuel Buckeley. Lo siguieron otros como The Weekly Reiew (1704), fundado por el autor de Robinson Crusoe, Daniel Defoe o The Times en 1788.
    Pero el boom del sector se produjo en el s. XIX apoyado en una masa de lectores de toda condición económica y en la reducción de los costes de impresión con la invención del linotipo. No solo se multiplicó la creación de periódicos, sino que se editaban publicaciones para todos los públicos según la capacidad de su bolsillo: de gran calidad y elevado precio para las clases pudientes; baja calidad y baratas para las clases proletarias.
    En ese paraíso de lectores, los editores supieron cómo dar lo que su público demandaba. Nació el periodismo de opinión. Personalidades con autoridad moral o intelectual que criticaban la situación social, las políticas del gobierno… Se instauraba el cuarto poder, capaz de conformar ese intangible que es la Opinión Pública que nos lleva a la clásica pregunta de si la prensa se hace eco de la preocupación de la calle; o bien la genera o amplifica. Hoy día el tema sería ¿son las redes sociales el altavoz de la opinión popular nacida espontáneamente en la calle? ¿O es el altavoz de según qué grupos para trasladar sus ideas a la calle?
    La preocupación ciudadana por el aumento de la delincuencia era, desde luego, un tema estrella. Y no solo por cuestiones como la impunidad o indefensión frente al crimen.
    El morbo es algo innato en el ser humano. Tanto como el miedo. Lo macabro y cruento provoca rechazo, pero también atracción. Es por ello que nacieron una serie de publicaciones en forma de folletos populares y que fueron etiquetadas como novela sensacionalista. En ellas aparecían crónicas de sucesos en forma de relatos truculentos, las confesiones de los asesinos, informes de ejecuciones públicas, incestos, adulterios, robo o extorsión.
    Fue tal el éxito de estas publicaciones que no tardaron en sumarse abogados, médicos y periodistas con aportes más profesionales que dieron cierta respetabilidad a este género que, literalmente, arrasaba en los quioscos y era devorado en los trayectos ferroviarios.
    Con esa doble moral tan inglesa, en 1851 The Times recogía: Cualquier aumento de las existencias (de los puestos de libros) se realiza partiendo del supuesto de que las personas de mejor clase, que representan la mayor parte de los lectores de ferrocarril, pierden el gusto que los caracteriza al poner un pie en la estación, en referencia a los puestos de libros de W.H. SMITH en las estaciones. En 1854 Thomas de Quincey (1785-1859) publicó El asesinato como una de las bellas artes. En clave de humor, escribiría una deliciosa sátira en la que denuncia este gusto por lo macabro. Como muestra del sutil humor inglés de ese ensayo os dejo esta cita:
Uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le dará importancia a robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente.
Thomas de Quincey, El asesinato como una de las bellas artes

    De entre esas publicaciones sobre crímenes una destacaría por encima de todas.

EL CALENDARIO DE NEWGATE

Se decía de Edgar A. Poe que era una mezcla de matemáticas y tinieblas. Poe era americano, pero creo que podría decirse lo mismo de los ingleses. ¿Recordáis a Newton? Descubridor del funcionamiento de la Fuerza gravitatoria y a la vez apasionado del ocultismo. ¿Y el movimiento espiritista? Los ingleses parecen moverse entre la razón y la fascinación por lo inexplicable. Y el crimen les despertaba temor, pero también una morbosa atracción.
    La prisión de Newgate, situada en la calle del mismo nombre, estuvo funcionando desde 1188 hasta 1902, así que imaginad el número de criminales que pasaron por sus celdas. Pues bien, sobre el 1750 uno de los vigilantes tuvo la idea de crear un boletín mensual de ajusticiamientos en el que reseñaba aparte de la ejecución del preso, la vida y milagros que lo habían llevado a la horca. Ni qué decir que aquellos boletines fueron un rotundo éxito de ventas.
    Tanto que, en 1774, esas crónicas se reunieron en un solo libro el llamado El calendario de Newgate, subtitulado El sangrante registro de los malhechores. Estas recopilaciones que se publicaron hasta 1850 se encontraban, como la Biblia, en cada casa londinense. De hecho, se convirtieron en lecturas para niños, haciendo la función moralizante de los cuentos clásicos tipo Caperucita Roja o Los tres cerditos. ¿Os imagináis la cara de los censores moralistas de hoy en día que se crispan porque salgan palabras como gordo o enano en las novelas de Roald Dahl?

    Todo el mundo a mitad de s. XIX había leído esas crónicas y la vida y sucesos allí narrados sirvieron de inspiración para autores como Charles Dickens o Daniel Defoe.


COMIENZA LA DIVERSIÓN

Una enorme demanda de lectores de toda condición, una eficaz red de distribución que permitía tiradas espectaculares, el temor pero también la atracción por el mundo del crimen, el nacimiento de un cuerpo de policías y detectives oficial y garante del bien… Era cuestión de tiempo que esas historias, esas crónicas de sucesos, inspiraran relatos y novelas por entregas que aparecerían en ediciones baratas, como los populares Horror a un penique o más adelante en magazines como The Strand o The Idler. Por no hablar de hechos criminales como el asesinato de Road Hill House o el mítico Jack el Destripador, que dispararían aún más el interés por el mundo del crimen.
    Solo hacía falta que los grandes autores tomarán esta temática y dieran al género sus primeras obras maestras.

Pero eso lo veremos en las siguientes entregas de Tinta Negra, una breve historia del género negrocriminal. Así que mientras tanto...

Sed muy felices y moderadamente malvados.


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DAVID RUBIO

Aunque no sea lo mismo que compartir una buena charla acompañada de un café bien negro, te propongo quedar en otros espacios virtuales donde también suelo perpetrar publicaciones. Clica sobre los siguientes iconos o envíame un mail a balasyestrellas@gmail.com.

Comentarios

  1. Hola, David.
    Efectivamente para comprender un crimen hay que situar el contexto social y geográfico. Asimismo esto valdría para comprender los gustos literarios o cinematográficos de una sociedad y desembocaría en qué y porqué se censuraban o censuran ciertos temas aún hoy en día. La prensa inglesa sigue instalada en el sensacionalismo, que aunque poco riguroso, está claro que vende en el público. También me apasiona cómo el género negro pervive en nuestros días e incluso parece más fuerte que en décadas pasadas. ¿Por qué nos gusta leer sobre crímenes o ver pelis sobre tramas policiales con graves horrores? Supongo que son muchos los aspectos de la psique humana los que nos llevan hasta ahí, pero en cualquier caso bienvenida sea la consolidación de un género en tiempos dónde la consolidación dura 5 segundos en un video de Tik Tok.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Gracias, Miguel. La verdad es que echando un vistazo al pasado nos damos cuenta lo que hemos ganado, pero también cuánto hemos perdido. En esta época, cuando no había nada que hacer, la gente leía, hoy lamentablemente ejercitan el dedo índice sobre la pantalla del móvil con contenido tan bobo como breve. Siendo sincero, creo que me identifico más con aquellos tiempos que con los actuales.
      ¿Por qué nos gustan las historias sobre crímenes? Creo que la razón es porque enfrenta a los personajes a unas situaciones límite y, además, lo hace de una manera que no es la que vemos en nuestra vida diaria. El morbo puede ser una razón, pero creo que la más poderosa es que nada reconforta más y ayuda a sobrellevar nuestros problemas que leer la historia de alguien con problemas aún más gordos. Y nada hay más gordo que un asesinato, un secuestro o cualquiera de las situaciones que ofrece la novela negra, que además aporta la dosis de suspense que no logran otros géneros. Un abrazo!

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  2. Magnífica entrada David, artículo muy completo e interesante. Voy a ir poniéndome al día leyendo algunos anteriores. Un saludo!

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    1. Gracias, Antonio. Bueno, en realidad no te has perdido demasiado, ja, ja, ja... El blog comenzó este enero pasado y de momento cuenta con solo catorce entradas y esta sección en concreto con dos. Saludos!

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  3. Es casi una tesis, muy exhaustiva, y en verdad facilitadora, me ha encantado leerte

    Un abrazo, David

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    1. Gracias, Maripau. Me alegra que te haya entretenido esta entrada sobre la sociedad londinense de la época victoriana que a mi personalmente me apasiona. Un abrazo!

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  4. Scotland Yard, el boom del periodismo, el ferrocarril... qué bien has planteado el contexto social que dio vida a un género apasionante. Un recorrido estupendo por ese S.XIX que, pese a lo macabro del tema, sigue teniendo mucho romanticismo (la niebla, la luz de gas...). Me encanta, por cierto, también el título de la entrada, muy sugerente. Fantástico todo, David.

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    1. Gracias, Marta. La verdad es que fue una época apasionante, esa mezcla de razón y magia, o de matemáticas y tinieblas era una combinación estupenda. Quizá por eso, fue en ese contexto donde nacieron los géneros que luego se desarrollaron en el s. XX. Me alegra que te haya gustado, título incluido que, seguramente, no sea el adecuado para eso de la SEO, je, je, je... Un abrazo!

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  5. Un texto preciso y completo.
    Tengo el libro sobre el Calendario de Newgate y realmente tiene algo de pavoroso.
    Supongo que ya lo conoces, pero en todo caso te dejo aquí el enlace:
    https://bartlebyandcoberlin.com/producto/londres-noir-el-libro-negro-del-crimen-newgate-calendar/

    Un abrazo, David

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    1. Gracias, Doctor. No solo lo conozco, sino que lo guardo como oro en paño en mi estantería y buena parte del contenido de esta entrada tiene su fuente en ese libro de la editorial La Felguera. Iba a poner un enlace, pero al terminar la entrada vi que ya está descatalogado. Es fascinante, todo un bestiario del horror. Un abrazo!

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  6. Qué placer dar este didáctico paseo por el nacimiento género negro de tu mano, David. De verdad que admiro tu capacidad de ser tan preciso y ameno al mismo tiempo :)
    Una entrada súper interesante con la que además de aprender se disfruta. ¡Muchas gracias!
    ¡Un abrazo!

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    1. Gracias, Julia. ¡Qué alegría volver a verte en las redes! Me alegra que te haya gustado esta entrada y, por supuesto, ver tu comentario en esta nueva aventura bloguera. Un abrazo!

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  7. Estupendo artículo, muy evocador. Me ha encantado. El Londres victoriano será siempre un hito de inspiración para los necrocriminales (para mí lo es). Hay que ir a las librerías de viejo a ver si se topa uno con uno de esos boletines o de esas gacetas ilustradas con tan sugerentes estampas. ¡Saludo, muchas gracias y ánimo con todo!

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    1. Gracias, Fernando. Si tienes suerte, no hace muchos años se publicó London Noir, de la editorial La Felguera, donde se recopilaron muchas de estas crónicas junto un artículo de Dickens. Ya está descatalogado, pero quizá en algún mercado de segunda mano puedas encontrarlo. Me alegran tus palabras, viendo tu blog, compruebo que es una época que conoces muy bien. Un abrazo y como dices que no decaiga el ánimo.

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    2. Estupenda editorial. Tengo los dos primeros volúmenes de "Fuera de la ley". Con ellos, dan ganas de pasarse del referente victoriano al alfonsino. Indagaré sobre esa referencia. Tiene más buena pinta que una taberna. Gracias.

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  8. Me ha encantado ver todas esas causas sociales y económicas que van llevando poco a poco al nacimiento de la literatura negra y/o criminal. Creo que has hecho un análisis exhaustivo y muy bien estructurado que he leído con sumo placer. Quedo a la espera de más.
    Un beso.

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    1. Gracias, Rosa. Poniéndonos en plan detectivesco, esta entrada responde al cuándo, el porqué y el dónde. A partir de la siguiente nos meteremos en el quién y el cómo con los antecedentes de este género y las primeras obras que fueron conformando aquella, en principio, novela de detectives o enigma. Un abrazo!

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  9. Hola, David, qué pedazo de artículo, bien documentado y escrito, una maravilla. Yo, reconozco, no me gusta mucho el género negro, ni leerlo ni escribirlo, pero admiro a aquellos que lo escriben porque hay que desarrollar una trama digna de detectives, y nunca mejor dicho. Tus artículos me están ayudando a conocer un poco más el género. Gracias por la info. Un abrazo. ☺️

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    1. Gracias, Merche. En realidad, este género admite ya casi toda clase de historias y desarrollos. El único requisito es que toda la acción gire entorno a un crimen y todo el suspense que ello provoca, seguro que cuando caigas en sus redes no podrás escapar, ja, ja, ja... Un abrazo!

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  10. Hola, David:
    Excelente y ameno artículo (de nuevo). Gracias por compartirlo.
    Sí, más que la capital del Imperio Británico, Londres era el epicentro del mundo occidental. Ejemplo de su pujanza son sus 6.581.000 habitantes en 1890, frente a los 3.670.000 de París o los 540.000 de Madrid.
    En su momento escribí un artículo sobre Jack. Tras leerte quizá me anime a recuperarlo.
    Un abrazo, David.

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    1. Gracias, Nino. Ostras! Cómo te agradezco ese dato tan ilustrativo de la masificación que se produjo en Londres y que desde luego nos hace visualizar todos los problemas que ello conllevó para la convivencia social. Sin duda, lo mejor de este blog sois vosotros.
      Será estupendo leer ese artículo tuyo sobre Jack el Destripador, su figura e interés siempre está presente. Un abrazo!

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  11. Hola David, ¡qué buen análisis! Una cosa va llevando a la otra, cada cambio social influye en lo que sigue y resulta muy interesante ver cómo se va conformando el género negro-criminal. Definitivamente nos regalas, además de un excelente análisis muchos datos, al menos para mí, desconocidos, y nos educas sobre el tema. Saludos.

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    1. Gracias, Ana. Me alegra que te haya gustado. Todo está conectado, en el caso de un género como la novela de detectives necesitamos de Poe para iniciar esta clase de relatos, pero también de las condiciones sociales para que dicho relato tuviera el éxito que animara al resto de autores a escribir sobre él. Un abrazo

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  12. La revolución industrial desde otro punto de vista, David, y vaya que así, tan bien esquematizado es parece muy lógico. Me ha impactado lo de la prisión de Newgate. Tantos años con tantos maleantes... Made mía si las paredes hablaran. Y qué decir del ingenio humano puesto manos a la obra para crear de tanta tragedia un género universal y que va a más. Con ese eje central de los personajes, y volvemos a la prisión y sus inquilinos, un mundo donde sacar miles de esos personajes.
    Genial entrada, David. Viva la novela negrocriminal!!!
    Un abrazo!

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    1. Gracias, Pepe. La verdad es que esas crónicas son fascinantes. Tuve la suerte de encontrar la edición London Noir en la librería Gilgamesh y no dude en hacerme con él. El bestiario de personajes es tremendo, cualquier aberración que se te pueda ocurrir y más se encuentra ahí y a su lado las noticias de sucesos de hoy en día parecen cuentos de la Disney. De hecho, más de una película moderna y truculenta se ha inspirado en alguno de esos criminales como el caso de William Burke. Me alegra que te haya gustado y, por supuesto, viva la novela negrocriminal!

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  13. Hola, David:
    Je je, sí: una de las normas de convivencia es la conveniencia de silenciar ciertas sinceridades. Además, lo grato de la compañía estimula el rato que pasamos viendo una peli trostélida.
    Tardé en darme cuenta del efecto “cine” para proyectar relaciones. Siempre me ha gustado ir solo al cine. La primera peli a la que fui acompañado por una minina fue a una reposición de “Primera plana”. Ella no paraba de hablar; por lo que no recuerdo qué excusa me inventé para cambiarme de butaca. Sobre decir que la mileidi se enfadó y se fue del cine. Tardó más de un curso en volverme a hablar. Desde entonces, sólo iba bien acompañado al cine cuando la peli, en teoría, no me interesaba. Más de una vez volví al cine a ver una peli que me pareció interesante mientras la entreveía.
    Un abrazo, David.

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    1. Ostras, ¿Gabiliante, verdad? Te prometo que me tuviste un par de horas dándole vuelta a este comentario hasta que recordé el que te hice en el reto de El Tintero de Oro, ja, ja, ja. En efecto, las mentirijillas son el mejor lubricante social, ¿te imaginas una sinceridad absoluta? Bueno, sería una guerra continua. Qué buena anécdota, pero es que Billy Wilder, Jack Lemmon y Walter Mathau bien merecen tal sacrificio. Un abrazo!

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  14. Estupenda reseña, David. Cuán cierto es que el morbo mueve a muchos lectores a querer conocer los detalles más sagrientos de un suceso. Hoy día el morbo también se ha trasladado a la prensa rosa, queriendo sus lectores coooncer los detalles más escabrosos de la vida privada de las celebridades. Yo soy más de crímenes que de folletines sociales, je, je. Y este sentimiento sigue estando muy arraigado y generalizado. La prueba es que uno de los programas de mayor audiencia de TV3 es "Crims", que relata, con la intervención de quienes lo vivieron (policías, amigos, familiares y testigos), los entresijos de casos de asesinato que resultaron muy notorios en su día y difíciles de resolver.
    Gracias de nuevo por ilustrarnos tan detalladamente sobre la historia y los avatares de la literatura negra.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Gracias, Josep. Fíjate que en esto no sé si la cosa va más por el morbo o bien por algo más sutil como el "consuelo por la desgracia ajena". Algo así como aquel que va caminando y llorando porque solo tiene una naranja para comer y, en un momento dado, se gira para comprobar que otro tipo va comiéndose la monda de la naranja que va tirando. Y es que una sociedad angustiada y amargada, que suele ser el estado natural, donde más consuelo encuentra es con aquello de que otros están peor o a otros les ha pasado algo más terrible. La misma razón por la que los medios llenan sus informativos con toda clase de tragedias y desgracias, amplificándolas todo lo que pueden. Y es que, a la gente, las buenas noticias si no se forma parte de ella de algún modo, suele crear más frustración que otra cosa. Sé que es algo controvertido, pero muy humano.
      Esa serie de Crims es excelente y de hecho, la novela negra tiene mucho arraigo en Catalunya. Lástima que desaparecieran librerías como Negra y Criminal o SomNegra. Ojalá alguien se anime a intentarlo de nuevo. Un abrazo

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  15. Hola David. Desde luego estamos aprendiendo mucho sobre la historia del género negro, y sobre historia en general, con estas entradas. Es curioso comprobar como la masificación en torno a la capital inglesa como consecuencia de la revolución industrial dio origen a tantos cambios en lo social y rompió con esa relativa seguridad en que los habitantes de la ciudad vivían, y todo ello llevó al nacimiento de la literatura de lo criminal. Entrada didáctica y entretenida. Un abrazo.

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    1. Gracias, Jorge. Desde luego que pocas cosas pasan por que sí, quizá eso explique que unas obras literarias se hagan eternas y otras pasen olvidadas, quizá la clave es que una obra o género nazca en el momento justo para contar con una masa de lectores como sucedió con la novela de detectives. Interés por el mundo del crimen debido a los problemas de masificación, desarrollo logístico para distribuir las novelas de forma popular a través de quioscos... no haberse inventado ni la tele ni internet, je, je, je... Un abrazo!

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  16. Fantástico artículo, David
    Me lo he pasado pipa con todo ese contexto social que has desgranado. Casi casi he proyectado un imaginario "yo" pretérito a ese Ferrocarril y me he visto sentada, de regreso a un hipotético piso de un barrio londinense, leyendo alguno de esos periódicos sensacionalistas..... ¡Por supuesto que soy morbosa! ¿Y quién no? O tal vez algo de Óscar Wilde mientras la noche va cayendo en la ciudad y las sombras me provocan un estremecimiento sugestionada por las fechorías leídas en los diarios...
    Me ha encantado

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    1. Gracias, Matilde. La verdad es que cada época nueva nos trae cosas, pero también nos quita. Casi te diría que la sociedad perfecta sería aquella mezclara los avances tecnológicos y sociales de esta, pero preservara las costumbres de ocio de, por ejemplo, la época victoriana. Londres era una ciudad de matemáticas y tinieblas, de reuniones interiores en clubs privados, de tardes de té... No me extraña que allí nacieran casi todos los géneros literarios que escribieron el s. XX. Un abrazo!

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  17. ¡Hola, David!
    Todos los artículos que sacan son atrayentes. Pero esta serie histórica me encanta especialmente. Me llevas a aquella época, colocas anécdotas, citas, lo explicas con tanta claridad y amenidad que es un disfrute.
    Justo hace unos días, en la biblioteca de mi ciudad estaban exponiendo novelitas por entregas, como las que comentas. Yo también pensé lo mismo… ¡entonces mucha gente leía! Y los títulos que más había eran de Doyle, Poe, también Dickens… Se nota la fascinación por el crimen y el suspense.

    La media de atención actual de la gente creo que está en menos de tres minutos…
    Los que nacen ahora jamás sospecharán la edad de oro intelectual que una vez tuvo el hombre...
    La segunda mitad del siglo XX fue una escalada gradual hacia abajo... Y el XXI... el pozo.
    Un abrazo grande y gracias por hacernos disfrutar y reflexionar

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    1. Gracias, Maite. Te agradezco tus palabras. Resulta paradójico, ¿verdad? Jamás en la Historia el conocimiento humano ha estado tan al alcance de la mano de cualquiera. En pocos clics puedes acceder casi a todo y, sin embargo, la involución cultural parece no tener freno.
      El problema, gravísimo, es que la mayor parte de la población ha perdido la curiosidad, nuestro mayor tesoro como especie. Dale a un mono un ordenador y este se dedicará a aporrearlo, dale a un sabio una piedra y comenzará a preguntarse sobre su origen, su material, si es igual al resto de las que reposan, cómo llegó allí... Su curiosidad le hará hacerse preguntas e iniciará el camino de buscar respuestas.
      Sin curiosidad no somos nada especial. Cuando veo en el metro a la gente pasando el dedo por la pantalla de su móvil sin ton ni son, sin prestar atención a lo que sale en sus pantallas, sin más entretenimiento que ir mirando cosas sin más, solo por ejercitar el dedo, siento profunda tristeza.
      El futuro no será mejor. Leer es una pérdida de tiempo, no digamos reflexionar o, simplemente, hacerse preguntas. El ¿para qué me sirve eso? es el mantra de la sociedad de hoy. A fuerza de ser "productivos y rentables" estamos cavando nuestra tumba.
      Las instituciones públicas, los gobiernos, también nos quieren así. Cada poco nos sacan campañitas para visibilizar veinte mil chorradas, ¿para cuándo una campaña que fomente la lectura y el pensamiento crítico? ¿Cuándo volverán los debates "reales" a los medios? ¿Cuándo en las televisiones, la literatura tendrá espacios que no sean marginales, salvo que sus presentadores saquen algún librito? ¿Por qué no contactar con Youtubers tipo Ibai, Rubius, etc. para que entre los miles de productos que anuncian inviten a los más jóvenes a leer o al menos den cuenta de que existen libros?
      Y ya con la IA se acabó. En nada, la gente que busque información, ya ni siquiera usará el navegador que puede ofrecerle distintos artículos y puntos de vista, lo que además le permitirá encontrar información que ni se planteaba. No, simplemente acudirá al Chat para preguntarle y que le responda en 100 palabras.
      Todo por ganar tiempo... Lo que yo me pregunto es ¿Qué hace la gente con el tiempo que "gana"? En fin... Un abrazo!

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    2. ¿Qué hace la gente con el tiempo que gana? Usarlo para perder su cerebro: su mente, su memoria, su atención, su criterio, su voluntad y su curiosidad…
      Va en bloque. Y es tal y como lo describes. El para qué… es la norma. Muy desesperanzador.
      Con la tecnología e I.A entraremos en nueva edad oscura o algo peor… La caída del imperio occidental...
      Suscribo cada frase tuya.
      Sigamos cultivando la lectura y la curiosidad, y contagiándola todo lo que podamos...
      Y el optimismo... porque los tiempos son muy difíciles...
      Un placer compartir.
      Un abrazo grande :)

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    3. ¡Hola, Mayte! Jo, me alegra comprobar que no soy un extraterrestre al reflexionar de este modo sobre la sociedad de hoy. En efecto, en realidad, ese tiempo que se supone que se ahorra se dilapida en la nada. Estamos olvidando que el camino es lo interesante, no la meta o el objetivo. Esperemos que pronto haya una reacción a esta vida virtual sin sentido. Un abrazo!

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  18. ¡Hola, David! Interesantísimo y muy bien documentado. Qué bien explicado el nacimiento del género de la mano de los datos históricos. Se me ocurre que el nacimiento del género criminal está relacionado o comparte camino con la evolución del género de terror. Por otra parte, todo este convulso contexto histórico me ha recordado el contenido de uno de los videojuegos de Sherlock Holmes: En una de las entregas, desde la piel de Sherlock, tenemos que resolver un caso relacionado con Jack el Destripador (vaya buen crossover, por cierto) y para ello, hay que visitar la Whitechapel de la época en varias ocasiones. En el videojuego está muy bien recreado como un lugar turbio, con delincuencia, etc. Es bastante inquietante y, por lo que estoy leyendo, creo que los desarrolladores lo recrearon bastante bien. El barrio contrastaba muchísimo con la zona donde residía Sherlock en Baker Street. En otro orden, está el tema de los medios de comunicación. La situación actual es bastante pintoresca. Parece que estamos "sobreinformados" pero, a su vez, desinformados, sin contar las falacias, bulos, falsas noticias, titulares que buscan llamar la atención jugando con la veracidad... Ufff... y las opiniones de usuarios en redes sociales mezcladas con el uso de bots, anónimos y falsos usuarios. En fin, que en este panorama hay que andar con cabeza a la hora de leer noticias y, para colmo, lo que comentas de la IA... Es para reflexionar largo y tendido y este artículo, además de ser literario, pues invita a tocar temas como estos. Un trabajo muy bien hecho, porque el texto nos lleva a pensar y plantearnos muchas cosas, además del aprendizaje.
    Un abrazo :)

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    1. Gracias, M.A. Nada nace por generación espontanea y menos en el terreno de la ficción. Las ideas, la composición social y el contexto generan en cada época determinados hábitos, gustos y querencias en la población. El género negro, el terror o la ciencia ficción no nacieron por casualidad o porque un autor tuviera un momento de iluminación. Esas historias calaron en la sociedad porque respondían a sus preocupaciones o intereses.
      Comparto lo que mencionas sobre la ¿era de la información? Siempre ha habido filtros informativos, pero el problema de hoy es que en realidad todos los canales de información están controlados financieramente por muy pocos lobbies económicos y con ello es imposible la libertad de prensa. La digitalización hace muy fácil la censura encubierta e incluso la reescritura de según qué noticias, por no hablar de la guerra dialéctica de las redes, en la mayoría de veces de manera artificial. El problema es la adicción que el móvil o internet tiene en la sociedad. Cuando escucho cosas como que la gente vuelva a casa porque se olvidó el móvil, alucino. Es como estar atrapado a la información de turno. Para mí nada como leer un libro en papel, disfrutando de esa única fuente de información sin todo ese ruido de fondo. Un abrazo!

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  19. Hola, David, si que te has aplicado bien en recopilar información interesante sobre este tema del crimen, algo que en su momento era mi lectura favorita, más que nada por ir descubriendo pistas hasta dar con el, o los asesinos, las razones eran lo de menos, los hechos eran los que calaban...
    La psicología del criminal da para muchos estudios y ensayos filosóficos, y también para muchas obras literarias y cine.
    Lo mejor de todo este blog, es lo feliz que se te percibe, es como si te hubieras quitado una camisa de fuerza y anduvieras a todo gusto por la cuidad cibernética y la real, matando a diestra y siniestra el aburrimiento o monotonía.

    Celebro tu pasión por este género negro, tan apasionante y tenebroso, una gran mayoría lo disfrutamos sin dudas. Salud y larga vida al rey David.

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    1. Gracias, Idalia. Cómo me conoces, ja, ja, ja... La verdad es que lo estoy disfrutando. El Tintero de Oro me ha dado muchas satisfacciones, pero ya empezaba a notar más la presión de cumplir las fechas con todos los compañeros que participan y el encorsetamiento propio de un blog para todos los públicos y sensibilidades dado que no es un blog de autor. Este se centra en una temática concreta, lo que me lleva a centrarme en lecturas tanto de novela negra como ensayos sobre el crimen o literatura policíaca. Con ello no solo estoy descubriendo un montón de informaciones deliciosas, sino que me sirve de banco de ideas para relatos o motivación para terminar un par de novelas y echar a rodar futuras publicaciones que tengo en mente. El Tintero de Oro me ha servido de enseñanza en cosas como la maquetación, diseño, conocer distintos estilos, a los propios lectores, a cómo funciona este mundillo. Todo ello ha sido impagable para mí. Pero ya llegó el momento de empezar una nueva aventura y esperar que otros compañeros tomen las riendas de esa iniciativa que reúne a tantas personas con ganas de escribir. Un fuerte abrazo!

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  20. Que interesante David, me ha gustado mucho la historia que has contado muy bien documentado el articulo y muchas curiosidades que ignoraba por completo. Menudo lugar era ese Londres Pre y Victoriano es una época que me llama mucho la atención. Un abrazo.

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    1. Gracias, Ainhoa. El período inicial de la revolución industrial, la era moderna, sin duda se escribió igual en todas partes. Paris no se quedaba atrás, aunque quizá fue después que Londres. A mi es un período que me encanta por esa mezcla de razón y sinrazón, en muchos aspectos era una sociedad más atractiva que la de hoy en día. Un abrazo!

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  21. La anónima era yo queriendo pasar desapercibida. Un saludo.

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Como sería un poco perturbador que dejaras alguna huella dactilar, pelo o cualquier otro resto biológico, te invito a que muestres con un comentario que has disfrutado de esta escena del crimen. Y si además lo compartes en tus redes ya te nombro miembro oficial de la banda. ¡Gracias!