LA MIRADA DEL OBSERVADOR | MARC BEHM

  Reconozco que el título de esta novela no es, de entrada, de los mejores del género. La mirada del observador no dice demasiado ni es especialmente llamativo. Tampoco sé por qué en España se optó por esa modificación tan sutil del título original, The Eye of Beholder (El Ojo del Espectador).      Pero no dejemos que los árboles nos impidan ver el bosque.      O, hablando de novela, no dejemos que un discreto título nos impida leer una absoluta obra maestra del género. La mirada del observador, de Marc Behm

INTERROGATORIO POLICIAL | EL TERCER GRADO

El origen del interrogatorio en tercer grado, publicado por Balas y estrellas blog de novela negra

Seguro que en algún momento habéis escuchado la expresión «me han aplicado el tercer grado». Normalmente, nos la refiere quien se ha visto atosigado a preguntas en situaciones como una entrevista laboral, un alumno frente a su profesor o algo más chungo: una discusión con tu pareja.

     Visualmente, nos evoca la clásica imagen de un sospechoso encadenado a una silla en una dependencia policial de mala muerte, con un foco dirigido a sus ojos y un policía arremangado con la mano muy suelta.

    ¿Cuál fue el origen de este método de interrogatorio policial?

el tercer grado

En el Crimen como una bella ciencia vimos que a finales del s. XIX, aunque fue la época en la que comenzaron a desarrollarse las técnicas forenses modernas, sobre todo, eran dos los medios de prueba capaces de llevarnos a la cárcel: la confesión y los testigos.

    Ambas pruebas son de las que se llaman subjetivas, es decir, son testimonios de personas.

    Y las personas mentimos. Todas.

   Revelada esta verdad tanto tiempo oculta, viajemos al 1880, en concreto a Nueva York para conocer a un tipo del que, curiosamente, existe muy poca información en la red.

THOMAS BYRNES

Era irlandés (15 de junio de 1842-7 de mayo de 1910), aunque su familia emigró a Estados Unidos siendo todavía niño. Con diecinueve años se alistó en el ejército de la Unión en la Guerra de Secesión norteamericana donde permaneció un par de años.

    De nuevo en la vida civil, formó parte del cuerpo de bomberos de Nueva York hasta diciembre de 1863, fecha en la que se incorporó a la policía de la mencionada ciudad. Su ascenso fue meteórico y lleno de actuaciones de mérito como salvar la vida de un oficial.

    En 1869 le nombraron sargento y solo un año después capitán. Entre sus logros encontramos la resolución del robo del Banco de Ahorros de Manhattan en 1878 o el asesinato del financiero bursátil Jim Fisk en enero de 1872. Ambos casos le hicieron especialmente valorado por los magnates financieros.
    Y creo que eso tuvo mucho que ver para que en abril de 1880 fuera promovido a Inspector del Departamento de Detectives de Nueva York; en abril de 1888 a Inspector Jefe; y, también en abril, a Superintendente en 1892, la posición más alta dentro de la jerarquía policial.

Las aportaciones de Thomas Byrnes a la investigación policial

Que fuera el inventor del método del tercer grado no significa que fuera un policía del género troglodita ni mucho menos.

   Bien es cierto que su lista de intereses a proteger la encabezaban sus muy mejores amigos banqueros. Así, su primera medida fue abrir una comisaría en el distrito financiero de Manhattan y crear una línea telefónica de emergencia que la conectara a todos los bancos. Con ello, prácticamente logró erradicar los atracos.

 En su haber también podemos añadir la invención de la rueda de reconocimiento. Sí, la idea de mostrar a varios sujetos en una pared para que sean identificados por víctimas o testigos fue suya.

 Siguiendo en el ámbito de los métodos de identificación también mejoró y desarrolló las llamados Mug Shots o fotos policiales basándose en los trabajos que Bertillon desarrollaba en Francia y en los que proponía que las fotos de los detenidos cumplieran unos requisitos de uniformidad. Para ello se realizaban dos fotos, una de frente y otra de perfil. También estandarizó la luz y el ángulo desde el que tenía que ser tomada, además de añadir referencias métricas para objetivar las dimensiones físicas del individuo.

    Byrnes colgaba esas fotos en los pasillos de la comisaría en lo que se llamó la Galería de los pícaros y, cada mañana, obligaba  a los detectives y policías a contemplarlas para que tuvieran fresca su imagen por si se los encontraban en la calle. Algo parecido ya fue utilizado antes. En 1855, Allan Pinkerton, el fundador de la famosa agencia de detectives, ya recopiló las descripciones, técnicas, pseudónimos, nombres y escondites de delincuentes para sus agentes.
    En 1886 publicó el libro Professional Criminals of America, más que un directorio, casi una biblia de obligada consulta para las Agencias de Detectives, bancos y aseguradoras. En él se incluían atracadores, ladrones y falsificadores con una detallada descripción física, la foto de la ficha policial y un resumen de sus delitos.

EL INTERROGATORIO BYRNES

No parece que exista unanimidad en cuanto a su fuente de inspiración para idear este método de interrogatorio policial. Una explicación demasiado chula para ser verdad nos lleva a los masones. Según esta teoría, las logias masónicas presentan una jerarquía: Aprendiz, Compañero y Maestro masón. Para alcanzar esta última, el candidato debe someterse a unas pruebas de gran exigencia física y mental.

    Otra teoría tiene que ver más con la gastronomía y los grados de cocción de la carne: poco hecha, al punto o muy hecha. Visualmente es muy gráfica. Tanto como la última teoría que se refiere a la clasificación de las quemaduras como de primero, segundo o tercer grado. Esta se basa en que Byrnes solía mencionar jocosamente que el detenido había sufrido quemaduras en tercer Byrnes.

  Sea cual sea el origen, lo cierto es que Byrnes demostró conocer bien la psicología humana para idear este sistema y, de esta forma, establecer tres grados de interrogatorio que provocaran una ruptura mental en el detenido y su inevitable confesión.

    ¿En qué consistía cada grado?

El primer grado

El agente que había llevado a cabo la detención se reunía con el sospechoso en la sala de interrogatorios y conversaba con él de manera educada. Se mantenía sentado en la mesa, tal vez le ofrecía un café y hacía comentarios del tipo Vaya nochecita o si se encontraba bien o que un error lo cometía cualquiera. Luego le preguntaba por los hechos concretos sin levantarse en ningún momento de la silla para no intimidar.

    Si el sospechoso no declaraba convenientemente o se mantenía en silencio se iniciaba la segunda fase.

El segundo grado

En esta fase, el interrogatorio lo llevaba a cabo el detective encargado del caso. Aquí ya no se ofrecía ni café ni se comentaba el tiempo. Las preguntas eran más directas e incluso del tipo “vamos, sé que lo hiciste no compliques las cosas o no nos hagas perder más tiempo”.

    A nivel físico, el detective ya se levantaba de la silla para mostrar su autoridad y su distancia personal respecto al sospechoso se acortaba, al punto de darle toquecitos o encararlo muy estrechamente. No llegaba a agredirlo, solo le apretaba las clavijas, si me permitís el cliché.

    Si el tipo se empeñaba en no colaborar, la cosa se ponía mucho más sería.

El tercer grado

He leído que el encargado de llevar esta fase era el propio Thomas Byrnes y, además, lo hacía acompañado de un par de agentes, digamos, fuertotes y de apariencia intimidatoria. Byrnes permanecía sentado y preguntaba de manera tendenciosa, dando por supuesto que el sospechoso era culpable. Si el pobre tipo no asentía de la manera adecuada, Byrnes ordenaba a los agentes que procedieran a apalizarlo. Primero un toquecito, luego un puñetazo, después una paliza preventiva para ablandarlo y, finalmente, una buena tunda que dejara al tipo bien asado.

    Ni qué decir que, al finalizar el tercer grado, la mayoría acababa confesando la biblia en verso, si me permitís de nuevo el cliché.

    Seguro que más de uno se preguntará dónde estaban el abogado o el juez. Bueno, eran otros tiempos.

    En el fondo, y en la forma, estamos hablando de tortura y, curiosamente, más allá de otras consideraciones éticas, fue esta práctica la que ha logrado que, hoy día, la confesión no sea una prueba de cargo suficiente si no va acompañada de otras pruebas objetivas que avalen la misma.

EL FIN DEL TERCER GRADO

Si vamos al caso concreto de Byrnes, su final llegó pronto. En 1895, la comisión Lexow, encabezada por el nuevo presidente de la Comisión de Policía de la ciudad de Nueva York y futuro presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt, empezó a acecharlo.

 Por entonces, Byrnes había acumulado una fortuna de 350000 dólares, incompatible con el salario de un policía, aunque fuera de su rango. Ello destapó una trama de corrupción estrecha entre el cuerpo policial y los banqueros que le obligaría a dimitir. Años después fundaría una agencia de detectives privados cuyos principales clientes serían, cómo no, los lobos de Wall Street.

    En cuanto al uso de la fuerza como técnica de investigación policial hemos de recordar que es algo prohibido por la normativa internacional de derechos humanos. Nadie podrá ser sometido a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes según la Declaración Universal de Derechos Humanos (artículo 5), el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (artículo 7), la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura, el Convenio europeo para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales (artículo 3), la Convención Americana sobre Derechos Humanos (artículo 5.2), la Carta Africana sobre Derechos Humanos y de los Pueblos (artículo 5), en la Carta Árabe de Derechos Humanos (artículo 8) y el art 15 de la Constitución española.

    Sí, ya sé que una cosa es que esté prohibida y otra que esté erradicada, pero eso ya es otro tema.

    Más allá de cuestiones éticas, la investigación policial debe tener como objetivo la verdad de los hechos y la tortura como método para ese fin es ineficaz. Una confesión sacada así seguramente sea falsa y solo manifestada para poner fin a las coacciones, amenazas y abusos físicos y psíquicos que el sospechoso hubiera sufrido.

Un caso para comprobar la pasta de la que estaba hecho Thomas Byrnes

Y esto es todo por hoy. Espero que os hayáis disfrutado del personaje que ideó el método del tercer grado en los interrogatorios. Próximamente hablaremos, esa vez sí, del arte de interrogar y de las técnicas que utiliza la policía hoy día.

Me despido hasta el próximo domingo donde hablaremos de un muy particular y exclusivísimo club.

    Hasta entonces...

Sed muy felices y moderadamente malvados.

sobre mi

DAVID RUBIO

Aunque no sea lo mismo que compartir una buena charla acompañada de un café bien negro, te propongo quedar en otros espacios virtuales donde también suelo perpetrar publicaciones. Clica sobre los siguientes iconos o envíame un mail a balasyestrellas@gmail.com.

Comentarios

  1. mut descriptivo. la e presión se conoce lo que significa pero resulta instructivo su origen. Con este Byrne paso como con todos los que acumulan mucho poder; que se les sube a la cabeza, y de unos principios brillantes, uno se hace adicto al éxito, no importa eludió.
    han resultado un aclaratorias los ejemplos de frases que ilustran cada uno de los grados jsjja.
    El índice sobre fondo anillo del principio da ya un poco de miedo.
    Aquí se ve que los antecedentes de polibuenopolimalo, eran tres polis malos.
    abrazooo
    Gsbilisnte

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    1. Gracias, Gabiliante y El Vici Solitari. Al hilo de lo que comentas: ¿quien alcanza el poder se convierte en un cabronazo o solo los cabronazos alcanzan el poder?
      Quizá, como dices, la técnica del poli bueno o poli malo venga de aquí, te prometo que lo investigaré. A mí me suena más al clásico dar un palo y una zanahoria para lograr "convencer" a alguien. Esto es infalible y los políticos lo saben muy bien. Un abrazo!

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  2. Qué bueno es saber quien fue el inventor de las ruedas de reconocimiento que tanto juego han dado en el cine :). Desde luego hablamos de un pionero o de un visionario en lo que ha sido la historia de la investigación policial. Y lo cierto es que es curioso que sabiendo en la actualidad que la tortura invalida cualquier confesión se siguen inventando métodos más crueles que nos llevan al mismo punto de inicio. Hoy en día los terceros grados se hacen en las entrevistas de trabajo, pero creo que los más sádicos y profundos se hacen en las relaciones de pareja je,je.
    Un fuerte abrazo, David.

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    1. Hola, Miguel! Es que una cosa es la justicia y otra el mundo real, ja, ja, ja... Digamos que para las cuestiones mundanas y delitos comunes no solo no existe la tortura, sino que lo normal es que el detenido se niegue a declarar ante la policía y solo lo haga ante un juez. Pero es más, incluso si confiesa un crimen, el mero reconocimiento no implica una condena si no existen pruebas objetivas que lo confirmen. Por ejemplo, si mañana voy a una comisaría diciendo que he matado a Kennedy, lo normal es que me pongan de patitas en la calle y no en la cárcel.
      Otra cosa son los asuntos de Estado, sobre todo temas de terrorismo o Inteligencia, aquí todo vale por cuanto todo se oculta.
      Y sin duda, no existe peor tercer grado que el que nos pueda someter nuestra pareja, ja, ja, ja... Un abrazo!

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  3. Criminalidad de uniforme y de cuello blanco, justicia sin piedad y de conveniencia, aterrador. Por lo demás, muy instructivo y sugerente, en lo que se refiera a explorar los resortes de la negrura social. Motiva ponerse a escribir ya y sacar el dinero del banco. ¡Ay, los banqueros! ¡Cómo cuidan de sus intereses al 110 %!

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    1. Gracias, Fernando. Los banqueros son los que manejan el dinero y por tanto los que mueven el mundo. Y lo peor es que cada vez son menos con lo que son cada vez más poderosos, aunque ahora vayan de solidarios, inclusivos, integradores, ecológicos y todas esas monsergas que nos cuentan cada día. Un abrazo!

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  4. Métodos de interrogatorio que ahora serían muy discutibles, pero la historia es la que es. Gracias por compartir tanto conocimiento, David. Eres maravilloso. Tal vez los métodos cambian pero el objetivo no.

    Un fuerte abrazo

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    1. Gracias, Maripau. Muy discutibles, pero que todavía se dan. Creo que Guantánamo sigue a pleno rendimiento. Como bien dices, cambian los métodos, pero el objetivo no. Solo que ahora no son violentos físicamente. Un abrazo!

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  5. Vaya con el señor Byrnes. Ese sí que aplicaba lo de que el fin justifica los medios. La confesión era lo que contaba y no los medios utilizados para conseguirla y sin tener en cuenta su veracidad. Es uno de esos ejemplos en que, a priori, un método novedoso promete ser muy eficaz, e incluso lo es en muchos casos, pero que a la larga se convierte en algo injusto e inhumano. Menos mal que con el tiempo se subsanó esa deficiencia y se optó por métodos más "refinados", aunque, como bien dices, siempre ha habido excesos que se han ocultado o disimulado.
    Una vez más, y este es un sello de identidad de tus entradas, nos has revelado algo que muchos (al menos yo) desconocíamos. Contigo de la mano, cada vez somos un poco más sabios, je, je. O por lo menos, estamos más ilustrados y podemos hablar con mucha más propiedad sobre estos hechos.
    Veamos que nos depara la siguiente entrega, Seguro que vuelve a desvelarnos hechos trascendentes.
    Un fuerte abrazo, David.

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    1. Gracias, Josep. En realidad, el señor Byrnes fue una evolución civilizada: al menos daba la oportunidad al sospechoso de confesar sin sufrir daño. Antes de él, y tenemos como ejemplo la Inquisición con sus ordalías, no se andaban con tantos remilgos, je, je, je... La verdad es que la historia de la investigación policial es tanto o más apasionante que una buena novela negra.
      El domingo hablaremos de un club muy distinguido y exclusivo. Un abrazo!

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  6. Una historia apasionante. No conocía el origen de este método, la verdad, ni siquiera me había planteado cómo surgió y me ha parecido interesantísimo todo lo que has contado, David. Situaciones que parecen de película y no lo son. Que quizá estén todavía más vigentes de lo que pensamos...

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    1. Gracias, Marta. Nada nace por generación espontánea y desde luego que la realidad en poco o nada desmerece en historias como la de este tipo con más oscuros que claros. Un abrazo!

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  7. Me ha resultado muy muy interesante el origen de la expresión "tercer grado" del que no tenía ni idea. Vaya personaje el tal Byrnes... Y al fina resulta que era corrupto. Esperando quedo la entrada del domingo y ese club tan exclusivo.
    Un beso.

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    1. Gracias, Rosa. Pienso que toda la vida existirán Byrnes, de hecho nuestra casta política es un buen ejemplo de ello. Casi diría que son los relaciones públicas de bancos y poderes económicos. Pues sí, el club del que hablaremos el domingo es muy pero que muy exclusivo. Un abrazo!

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  8. Que artículo tan completo, David, además de intersante. No conocía nada de Byrnes, y el saber la magnitud que tenía el tercer grado, casi me da escalofríos, solo de pensar por aquel entonces, cómo deberían ser las torturas para que el acusado confesase hasta lo inconfesable, falso o no, parece que se trataba de buscar culpables y ya, y con esto, la medallita. Así sería en el caso de Jack el estripador que pones en el recorte. ¡Que barbaridad!, por otro lado, pienso tristemente, que ahora posiblemente hayan cambiado las formas porque de torturas y otras... hay para desmayarse.
    Mil gracias.
    Un abrazo :)

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    1. Gracias, Mila. Y aún así supuso cierto avance respecto al uso de la tortura para lograr la confesión. Antes no se daba "la opción" de confesar por las buenas. Como bien dices, ahora hay métodos más sibilinos para convencer a un individuo o a la población de lo que interesa, ja, ja, ja...
      A veces endiosamos a policías, científicos y en general a gente que la suponemos preparada y racional, pero en el fondo también son personas y como tales pecan como cualquiera. En ese caso, Byrnes no podía dejar que un crimen así quedara impune y, por tanto, desprestigiara su labor. Así que le tocó a ese pobre hombre pagar el pato. Un abrazo!

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  9. Hola David, como siempre un artículo muy interesante. Desconocía completamente esta terminología y ya me ha quedado más clara esa expresión del "tercer grado". A pesar de todo, seguro que se sigue utilizando, aunque quizá la llamen de otro modo para no sugestionar al interrogado.
    Gracias por la información.
    Un abrazo. :)

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    1. Gracias, Merche. Bueno, ahora, al menos en la delincuencia ordinaria, se utilizan métodos psicológicos más sutiles. Eso sí, siempre que el sospechoso no pida la asistencia de un abogado o se niegue a declarar. Los interrogatorios ya no son lo que eran, je, je, je... Un abrazo!

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  10. Jolín, David, si es que hasta los de las autoridades parecen unos psicópatas. O algo así como inquisidores, que te apretaban ahí abajo hasta que confesaras lo que convenga. Menos mal que la sensatez se ha impuesto, o por lo menos de puertas hacia afuera.
    Me encanta la frase de cómo empiezas, esa que dice que todos mentimos. Y menos mal, porque, ¿qué sería más aterrador un mentiroso o una persona que solo puede decir la verdad? No me gustaría tener a a ese especimen de compañero de batallas, jajaja.
    Genial entrada, me gustan mucho esas escenas de interrogatorios. Creo que te lo he dicho muchas veces, pero este blog me recuerda mucho a la serie Mindhunter, serie que me encantaba pero que no sé por qué cancelaron.
    Un abrazo

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    1. Gracias, Pepe. Cuando escucho a alguien esa frase de que su problema es que no sabe mentir o que siempre dice la verdad, me pongo a temblar, ja, ja, ja... Coincido contigo, una sociedad en la que cada uno expresara abiertamente su "verdad" sería una sociedad insufrible. No sé por qué está tan desacreditado el mentir.
      Los interrogatorios ya no son lo que eran. En España, por ejemplo, lo normal es que nadie declare ante la policía en el caso de que sea sospechoso o lo hayan detenido. Pedirá declarar ante el juez, una vez su abogado haya revisado los autos y conozca los hechos que conoce la policía. En USA parece que es más común, o al menos hay varias series de true crime en las que se ve cómo declaran ante la policía.
      Bueno, la idea del blog es la temática criminal, desde la literatura, el crimen real o la criminología. Un poco de todo. Lo curioso es que las entradas más vistas son las dedicadas a los asesinos en serie, ja, ja, ja... el mal repele, pero también atrae. Un abrazo!

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  11. Qué curioso todo lo que nos cuentas. A mí me encanta leerlo. Mira que conocemos las expresiones policiales por la literatura y el cine, interrogatorio, tercer grado, rueda de reconocimiento... pero nunca sabía que se lo debemos al Sr. Byrnes (si hasta existe quemaduras tercer Byrnes, oh). Estupenda la descripción y diferenciación que nos relatas, entre primer, segundo y tercer grado, desde el café hasta la tortura. Menudo el tal Byrnes. Menos mal que llegó la Declaración Universal de Derechos Humanos, si no vaya a saber hasta donde llegarían las modalidades de investigación de este tipo.
    Muy buena la reflexión final que haces, con la que estoy totalmente de acuerdo.
    Muchas gracias por tan interesante artículo y por el conocimiento que nos aporta. Un fuerte abrazo.

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    1. Gracias, Maite. Sin duda debió ser todo un personaje y, sin duda, sería raro que hoy en día no tengamos alguno parecido por ahí. La historia de la investigación policial real es tan apasionante como una novela negra de ficción. Mientras voy preparando estas entradas me encuentro con historias sorprendentes y el problema es casi seleccionar, ja, ja, ja... Un abrazo!

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  12. Hola David, la verdad es que cuando era una niña de tan sólo trece años nos reímos mucho mis amigas y yo cuando hablábamos tras la salida del sábado por la tarde porque decíamos que nos habían aplicado el tercer grado, ya que nuestros padres nos interrogaban sobre donde habíamos ido y con quién...
    Como siempre muy buen post. Un abrazo

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    1. Gracias, Nuria. Ja, ja, ja... No hay peor interrogatorio que el que nos somete nuestra familia o pareja. Lo peor es que, cuando ya eres padre, te das cuenta de que todo el esfuerzo que hacíamos para montar nuestras metirijillas adolescentes era inútil. Los padres ya sabían cuándo mentíamos o no. Un abrazo!

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  13. Hola David, muy interesante. Acá en México no había escuchado yo lo del tercer grado, no sé si se use ese término, (el término quizá no pero las palizas y la tortura son muy reales aunque en teoría prohibidas por ley) pero bueno, todo lo que comentas me ha resultado super interesante y ese tal Byrnes un tipo de cuidado. Muy triste ese caso del argelino que estuvo preso sin ser culpable. Gracias por ilustrarnos nuevamente. Abrazos.

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    1. Gracias, Ana. La expresión en España se hizo famosa por la referencia que se hacían a este método en las películas de cine negro. Quizá allá lo tradujeran de otra forma. Ese caso es terrible y, lamentablemente, no tan extraordinario como sería deseable. Los chivos expiatorios a quienes hacerle cargar con el muerto han sido muchos. Un abrazo!

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  14. Hey, David, nos traes una muy novedosa entrega criminalista, de tercer grado solo conozco las quemaduras y en carne propia. La expresión no me resulta familiar en otros lares y menos en los interrogatorios, así que me he edificado bastante al leerte.
    El Sr. Byrnes pues vale, sí que era un tipo inteligente y rudo a la vez, además de gustarle estar en la línea de fuego, también aparentaba tener coraje y ser un buen ejecutante de sus roles, que no fuera por su dejadez que un crimen o delito quedara impune, alguien debía pagar, como en el caso que nos muestras ...
    Vaya con el fan, si gracias a él llegó tan lejos, al parecer lo admiraba demasiado...
    Un personaje muy particular a quien se deben muchos avances en el área de la investigación policial y criminal , me huele a que en sus adentros llevaba un delincuente reprimido, por eso su empeño tan grande en cazarlos, como una especie de envidia o celos, ja, ja, de ahí que resultara ser un corrupto, la cosa si no sale por un lado sale por otro, pero siempre salen a relucir nuestras debilidades, como dice el refrán 'Dime de qué alardeas y te diré de lo que careces'
    David,una lectura que me dejó con apetito por más, lástima que no hubieran mas cosas interesantes de la vida de este peculiar señor, cómo terminó sus días y si algún inocente maltratado en esos interrogatorios, vengativamente lo agredió. Si tuvo hijos, etc.
    Un fuerte abrazo y hasta la próxima.

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    1. Gracias, Idalia. Mira que estuve buscando información sobre Byrnes, pero no hay demasiada internet y en los libros que he consultado aparecen algunas pinceladas. Tras dejar la policía fundó una agencia de detectives. Al leer todas esas preguntas que planteas sobre él mismo me he dado cuenta que este tipo podría ser un muy buen personaje de ficción, con sus claros y oscuros. Algo así como Ciudadano Kane, la película de Welles sobre el magnate de la prensa William Randolph Hearst que pasó del más puro idealismo al más estricto pragmatismo autoritario. Quizá le pasara algo así, no hay nada peor que un idealista desengañado. Un abrazo!!

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