EL CRIMEN COMO UNA BELLA CIENCIA | La investigación criminal en la antigüedad
Desde luego, el crimen real no es cosa de broma. Erradicar la conducta criminal es una de las responsabilidades tanto de la sociedad en general, como de las fuerzas y cuerpos policiales en particular.
Para ese fin, contamos con la ciencia.
Y, si Thomas de Quincey consideraba el asesinato como una de las bellas artes, os aseguro que la investigación científica de un crimen no se queda atrás.
LA INVESTIGACIÓN CRIMINAL EN LA ANTIGÜEDAD
Cuando se descubre un crimen se inicia una investigación con el objetivo de que el responsable sea llevado ante la justicia. Es un proceso en el que intervienen jueces, investigadores policiales, forenses o peritos, y cada uno de ellos debe seguir el reglamento. Los Harry Callaghan, Mike Hammer y el colectivo de detectives aficionados molan mucho, pero sus particulares métodos podrían lograr que el culpable se marche de rositas.
Es lo que tiene el Estado de Derecho, que deben respetarse las normas que están ahí para conseguir que el juicio se desarrolle con todas las garantías y respeto a los derechos fundamentales.
Pero esto no fue siempre así.
¿CÓMO SE INVESTIGABAN LOS DELITOS EN LA ANTIGÜEDAD?
Detrás de cada delincuente hay una persona, una familia y una sociedad concreta.Dr. José Cabrera, Crimen y castigo
Los criminólogos suelen diferenciar tres períodos dentro de la historia de la investigación policial: primitivo, constructivo y científico. Hoy nos dedicamos al período primitivo. Puede que este adjetivo os traslade a épocas remotas. Ejem... Nada de eso, si bien se inicia con las primeras civilizaciones, su final se remonta hasta, abran los ojos, ¡finales del siglo XVIII!
Por tanto, durante casi toda nuestra historia, la investigación del crimen se ha mantenido inalterable y ello por dos razones:
- No existían cuerpos policiales, al menos como los entendemos hoy día.
- Falta de desarrollo científico y tecnológico capaz de dotar de herramientas útiles a los investigadores.
Sin policía que investigue y sin medios para recoger y analizar pruebas seguro que os estaréis preguntando: ¿cómo narices se investigaba el crimen y se condenaba al criminal?
¿La verdad? Como se podía.
Desde Egipto y Mesopotamia hasta la Revolución francesa, las principales herramientas contra el crimen se basaban, simplemente, en juramentos, acusaciones, testimonios y, sobre todo, la confesión del sospechoso, algo para lo que no venía mal una pizca de tortura.
Si os fijáis, todo se basaba en la subjetividad humana. Bastaba una enemistad, la presión popular o algún oscuro interés para que una persona inocente cargara con el muerto y fuera sentenciada a muerte según el delito del que se le acusara.
Y si eso no era suficiente, también se podía pedir ayuda divina llegado el caso, como veremos más adelante.
Los peculiares métodos de investigación
Aunque no hubiera policías, sí había soldados o guardias oficiales encargados de poner orden en la calle. De hecho, esa era su labor esencial, junto a la de velar por los impuestos y tributos del monarca, rey o gobernante de turno. Lo de perseguir de oficio al criminal era secundario.
Solo cuando un ciudadano denunciaba haber padecido un agravio, la autoridad se ponía en marcha. Es decir, que si aparecía un cadáver en mitad de la calle, pero nadie denunciaba, se quemaba el cuerpo y a otra cosa mariposa.
Diréis: bueno, y una vez consta la denuncia ¿qué? Bueno, tampoco es que los investigadores se calentaran la cabeza.
En la mayoría de casos, el denunciante también daba el nombre del sospechoso y sobre este caía la presunción de culpa.
Imaginad ahora unas comunidades relativamente pequeñas con sus rencillas y disputas vecinales. Aparece un cadáver y su familia está segura de que el culpable es alguien con quien mantienen una disputa. El denunciado sería apresado y juzgado en base a los testimonios que se recabaran. Tampoco hacía falta que fueran "supercreíbles". Bastaba un mínimo de verosimilitud para que el juez o tribunal solventara rápido la papeleta y que las aguas volvieran a su cauce.
Así que, como veis, el acusado lo tenía crudo.
Vale, sí, en ocasiones podía haber alguna duda.
En esas ocasiones es cuando se recurría a métodos que os van a dejar ojipláticos.
Las ordalías o juicios de Dios
En el año 2095 a.C., en Mesopotamia, el rey Ur-Namma establecía la llamada ordalía fluvial. Esta práctica consistía en atar al sospechoso y lanzarlo al divino río para que las aguas del Tigris y el Éufrates lo purificaran y declararan su culpabilidad o inocencia dependiendo de si se ahogaba o lograba llegar vivo a la otra orilla. Desconozco cuántos fueron declarados inocentes por este sistema, pero me da que no muchos.
Esta práctica se mantuvo durante siglos y siglos. En la Edad Media, la Iglesia también recurría a ellas con sistemas tan infalibles como hacer caminar al sospechoso sobre brasas ardiendo que, si no le causaban herida, lo juzgarían como inocente. Otra ordalía muy curiosa era la bruja flotante. Al parecer, las brujas flotan. Apoyándose en esa evidencia se lanzaba a la sospechosa al agua. Si flotaba, era bruja y, por tanto, sería ejecutada después. En cambio, si era inocente se ahogaría, demostrando así su inocencia. Puede parecer que no existía diferencia, pero la segunda sería enterrada cristianamente e iría al cielo.
Ingesta de venenos, ollas de agua hirviendo, duelos entre sospechoso y víctima… La imaginación para idear este tipo de prácticas fue muy fértil.
La cruentación
Este medio de prueba consistía en enfrentar al sospechoso con el cadáver de la víctima. Según se decía, ante la presencia de su asesino el cuerpo de la víctima comenzaría a sangrar por las heridas infligidas. Este método parece que fue muy usado y prueba de ello la encontramos en El cantar de los Nibelungos, cuando Crimilda sacó de paseo el cadáver de Sigfrido ante sus soldados hasta dar con el traidor Hagen, ante cuya presencia las heridas de su difunto esposo sangraron.
El arroz seco y los burros polígrafos
En Asia, concretamente en China, se usó un método parecido, aunque con una base más sólida. En el siglo XIII d.C., Song Ci (a menudo transcrito como Sang T’su), en los textos Hsi Yuan Lu, propuso enfrentar al sospechoso con el cadáver de su víctima, aunque en este caso solo para comprobar su reacción y los gestos faciales que en su rostro se formaran. Estos gestos son muy difíciles de disimular, son casi reflejos, así que la prueba tenía cierto componente científico.
También en el país del sol naciente se practicó la prueba del arroz seco. En este caso, lo que se hacía era introducir los granos en la boca del sospechoso y obligarlo después a escupirlos. Si se le quedaba el arroz pegado a la lengua significaba que estaba estresado y, por tanto, no generaba saliva con la que poder escupirlo. El estrés, como síntoma de culpabilidad, también sería la base del polígrafo.
El polígrafo, como máquina de la verdad, no es algo que hoy día se tenga como algo concluyente. Al menos no tanto como la brillante ocurrencia que tuvieron en la India, en el año 500 a.C. Allí, cuando contaban con más de un ladrón sospechoso, lo que hacían era meterlos en una carpa oscura junto a algunos burros a los que previamente se les había tiznado la cola con hollín. Antes de la prueba, se les decía a los sospechosos que tiraran de la susodicha cola. Si eran culpables, entonces el burro rebuznaría, delatándolos. Tras un buen rato, los sospechosos salían y les mostraban las manos a los jueces. Los que las tenían limpias eran condenados, dado que se entendía que por miedo a ser descubiertos no habían tocado la cola del burro. En este caso, la base psicológica era más que razonable.
La fealdad
¿No se suele decir que la cara es el espejo del alma? Pues, sin duda, a quien esté de acuerdo con ello seguro que le parecerá hasta razonable la directriz que un emperador romano reguló en el Edicto de Valerio, s. III d.C. En ella se ordenaba que en caso de tener dudas respecto a cuál de dos personas es el criminal, se condenaría al más feo.
Esto, que hoy nos parece casi un chiste, bien podría ser el antecedente de ciertos estudios antropológicos sobre la figura del delincuente nato que un estudioso italiano del crimen llamado Lombroso describiría en una especie de morfología del criminal.
Y si no tenemos un responsable… ¡condenémoslos a todos!
Hoy tenemos claro que el único que merece el castigo por el crimen cometido es el propio criminal. Pero en este período existía la idea de la venganza de sangre. Consistía en que todo crimen debía ser castigado, que los familiares de la víctima tenían todo el derecho a tomar la sangre de quien derramó la de su familia. Si se encontraba al responsable, perfecto. Pero si no, bien podía castigarse a la familia del criminal o incluso a los habitantes de su pueblo.
Tanto en el poema de Gilgamesh como en el Antiguo Testamento bíblico se recoge en algunos pasajes esta práctica de condenar a todo el pueblo por el delito cometido por uno de sus habitantes. De hecho, ¿no castigó Yahveh con el Diluvio a toda la humanidad por los delitos cometidos por algunos? Esta injusticia a ojos de hoy, también fue considerada así en algún momento del pasado, como se denuncia en la propia Biblia en el segundo Libro de los Reyes: “No se hará morir a los padres por las culpas de los hijos, ni a los hijos por las de los padres, sino que se hará morir a cada uno por su propio pecado”.
No obstante, parece que fue una costumbre muy arraigada. Al punto de que la ley mosaica (de Moisés) intentó al menos mitigarla estableciendo una serie de ciudades refugio, en concreto seis ciudades, donde podían acogerse aquellos que se sintieran amenazados por la venganza de sangre. De las ciudades se pasaría a los templos e iglesias con el llamado acogerse a sagrado. Hasta 1979, en España, las iglesias estaban vetadas para la policía en el caso de que el delincuente se refugiara en ellas.
La Ciencia y la Razón se abren paso lentamente
Este período primitivo, como estamos viendo, se caracterizaba por la arbitrariedad, la falta de garantías legales para el acusado y la inexistencia de una investigación policial basada en pruebas objetivas. No obstante, para tener el panorama completo, hay que destacar los intentos de algunos reyes, emperadores y gobernantes en general por arrojar la luz de la razón.
El origen de la medicina forense
Esta especialidad fundamental hoy día tuvo su origen en este período. Un médico forense es el que auxilia al juez en cuestiones como el origen de las lesiones sufridas por un herido o la causa de la muerte mediante el examen de un cadáver.
El término forense proviene del latín forensis (perteneciente al foro), ya que en la antigua Roma los juicios y debates se celebraban en la plaza pública o Foro romano. A menudo se vincula anecdóticamente con uno de los crímenes más famosos de la Historia: el asesinato del dictador romano Julio César en el año 44 a.C. (aunque fue apuñalado en la Curia de Pompeyo, no en el Foro). Por entonces ya se realizaban autopsias en casos excepcionales. El encargado de examinar a César fue el médico Antistio, que fue capaz de concretar el número de puñaladas (veintitrés) y cuál de ellas provocó la muerte.
Las primeras autopsias datan del s. III a.C. cuando el gran Hipócrates recomendó a los médicos aprendices que estudiaran los cadáveres para reconocer lesiones y envenenamientos. Los primeros en abrir cadáveres fueron Herófilo y Erasístrato.
Sin embargo, más allá de su finalidad académica, esta práctica no sería usada como prueba en un juicio hasta siglos más tarde.
Un primer antecedente serían las Assises de Jerusalén en el 1100, cuando Godofredo de Bouillon exigió el estudio de las lesiones de la víctima. La Iglesia, a partir del s. XIII, también establecería la necesidad de un asesoramiento médico en los procedimientos. Así, hasta llegar a la Constitutio Criminalis Carolina de 1532, cuando Carlos V reguló el uso del peritaje médico por parte de expertos —llamados "amigos del tribunal"— en los casos de homicidio, aborto, infanticidio, partos clandestinos y, atención, la determinación del estado mental del acusado.
Finalmente, en el año 1575, aparecería el primer libro de Medicina legal y forense, obra de Ambrosio Paré, que inició el camino de otros textos en los que se estudiaban la muerte por ahogamiento o las heridas provocadas por bala.
El primer protocolo de investigación policial
En el siglo XVII, con una estructura judicial más moderna y con funcionarios más comprometidos, comenzaron a circular ciertos textos o protocolos de buenas costumbres en las diligencias de investigación.
Así, en 1643, el juez italiano Antonio Maria Cospi publicó El juez criminalista. Esta obra marca el punto final de este período primitivo. Es verdad que todavía recoge como buenas prácticas métodos como la cruentación o estilicidio de sangre, o cosas como que cuando se interroga a una bruja, esta debe entrar en la sala judicial de espaldas para evitar el mal de ojo. Sin embargo, también incluye otras prácticas más avanzadas como que los jueces siempre se personen en el lugar del crimen, que lo mapeen, que se fijen en las huellas grabadas en el suelo o en los gestos del acusado durante el interrogatorio.
La medicina forense nace tímidamente. Se registran las primeras autopsias académicas (s. III a.C.) y el famoso peritaje del asesinato de Julio César.
En 1643, el protocolo del juez Cospi exige pisar la escena del crimen.
Existía la idea de la 'venganza de sangre'.
Si no se encontraba al culpable directo, se podía llegar a castigar a su familia o incluso a toda la población de su aldea por el delito de uno solo.
En Asia asoman atisbos de lógica:
- China: Análisis de microgestos faciales o la prueba del estrés con arroz seco.
- India: El burro polígrafo (basado en el miedo psicológico).
Ante la duda, juicios de Dios.
El sospechoso era sometido a pruebas letales (ríos, fuego, brujas flotantes). También se usaba la cruentación: creer que el cadáver sangraba ante su asesino.
Sin policía ni ciencia, la investigación se basaba en la pura subjetividad.
Bastaba un juramento, una enemistad o arrancar una confesión bajo tortura para condenar a alguien.
EN RESUMEN
La investigación criminal en la antigüedad
Y aquí nos quedamos. En la próxima entrega conoceremos a los pioneros en el uso de la ciencia como herramienta de la investigación criminal y que, a la postre, culminarían con el nacimiento de las dos ciencias fundamentales en la lucha contra el crimen: la Criminología y la Criminalística.




¡Madre mía! Ojiplática me he quedado con lo que cuentas sobre los métodos para descubrir a los culpables. Algunos los conocía pero recuperarlos así todos juntos impresiona, la verdad. Un trabajo estupendo, David. Una entrada muy amena y muy interesante, has escrito.
ResponderEliminarGracias, Marta. Me alegra que te haya resultado amena la entrada pese a su extensión. Sabiendo que también estás relacionada con el mundo del Derecho seguro que muchos te habrán sonado de la carrera. La verdad es que todavía quedaron unos cuantos sin mencionar. Un abrazo!
EliminarHola, David:
ResponderEliminarGracias por este trabajado artículo divulgativo, escrito con tono ameno y con rigor.
A la espera de la próxima entrega, sólo puedo agradecerte esta publicación serializada.
Un abrazo, David.
Gracias, Nino. Bueno, la segunda parte concluirá esta pequeña historia de la investigación policial, luego esta sección irá más a aspectos más específicos y concretos. Me alegra que te haya resultado ameno. Un abrazo!
EliminarSí, David: la lectura fue amena. Me sentí feliz –y moderadamente malvado– al pensar en cuántos actos criminales habrán sido presentados como actos de fe.
EliminarUn abrazo, David.
¡Un abrazo, Nino!
EliminarSupongo que entonces las pelis malas como la sarna no se pueden considerar crímenes je, je. Yo sí las tipificaría con penas de prisión para el cineasta de turno ;). La literatura tiene mejor fama, pero estaría bien una publicación con libros con poderes somníferos. Sean crímenes o no. Los métodos para descubrir a los culpables han evolucionado, pero si se quiere arrancar una confesión hay métodos muy perversos. Respecto a la criminología parece que está muy de moda entre los jóvenes. Suelo escuchar a los chicos que les gustaría optar a esta profesión. Se presenta muy interesante la próxima entrada.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo, David.
¡Gracias, Miguel! Ja, ja, ja... No, los atentados al buen gusto y la paciencia del espectador de momento no son perseguibles. Por supuesto hay novelas infumables, algunas incluso consideradas como obras maestras por cierto. Pero lo del cuento del traje del emperador hace que nos miremos mucho de criticarlas bajo pena de ser tildados de ignorantes.
EliminarRespecto a lo que comentas sobre lo de moda que está la Criminología, es que en realidad la ficción es la mejor creadora de vocaciones. Seguro que si alguien se tomara la molestia podría comprobar que con Indiana Jones se dispararon las licenciaturas de Historia o Arqueología; de igual forma que las series de médicos. CSI o Mentes criminales sin duda habrán tenido algo que ver. Un abrazo!!
Te he leído con atención porque llevo meses leyendo casi únicamente novela negra. Y estoy de acuerdos con lo que dices.
ResponderEliminarEs una ciencia, tanto el matar como el intentar no ser acusado. Un fuerte abrazo
Gracias, Maripau. La verdad es que tan apasionante como una buena novela negra es leer sobre técnicas o investigaciones policiales. Un abrazo!
EliminarUna más que excelente exposición de la historia del crimen, en todas sus facetas. Ahora nos parece relativamente fácil llegar a un veredicto a partir de las pruebas periciales, pero, sobre todo del resultado de la autopsia para conocer en detalle la causa de la muerte, y del estudio del posible perfil del asesino realizado por expertos criminalistas. La prueba del ADN ha sido concluyente en numerosos casos. Hasta que esta prueba no estuvo al alcance de los científicos, más de un inocente fue ejecutado. Así que la "modernidad" ha ayudado en gran mesura al esclarecimiento de un aparente misterio.
ResponderEliminarHa sido toda una gozada leer el repaso histórico que has hecho sobre las distintas metodologías empleadas por quienes dictaban justicia.
Muchas gracias por ilustrarnos de un modo tan exhasutivo.
Un abrazo.
Gracias, Josep. Existe un concepto Crime Drop que viene a reflejar el descenso de la criminalidad en los últimos tiempos. Evidentemente, la aplicación de la ciencia y tecnología ha ayudado mucho para, al menos, dar con el asesino en serie antes de que se desmadre. Pero también existe la inversa. El crimen también se aprovecha de la tecnología para acometer sus actos o evitar ser pillado y en muchas ocasiones va por delante. Digamos que la criminalidad mundana es controlable en la misma forma que los criminales de guante blanco y bien apoltronados lo tienen más fácil. En la próxima entrega veremos cómo la ciencia se abrió paso. Un abrazo!
EliminarMenudo artículo te has largado. Y con continuación. Me ha parecido apasionante y he aprendido unas cuantas cosas. Ni idea tenía que forense viene del Foro romano. Tampoco sabía que la ciencia forense se remontara tan atrás en el tiempo. Me ha resultado adictivo y sumamente interesante. Quedo esperando la segunda parte.
ResponderEliminarUn beso.
Gracias, Rosa. En realidad, hasta finales del s. XVIII la ciencia forense como tal se reducía a las autopsias y a los conocimientos médicos del forense de turno. De hecho, una de las ventajas con la que contó Jack el Destripador a finales del XIX es que la policía solo contaba con la antropometría forense, ni las huellas dactilares eran todavía tomadas en cuenta hace poco más de cien años. Así cualquiera podía matar, je, je, je. Un abrazo!!
EliminarHola, David. Sabes eso que dicen que cada día tienes que aprender algo? Pues con esta entrada ya he cubierto el cupo para un mes... O más. Fantástico trabajo de investigación. Me gusta mucho el devenir de algunos palabros o quehaceres que están hoy día bien arraigados pero que si lo piensas no tienen mucho sentido, o el que tienen es más por ese temor a lo desconocido que ha ido pasando generación tras generación hasta perder la esencia del principio quedando solo ese miedo. Y hablando de miedo, qué miedo me dan los antiguos procederes, tanto los ilógicos basados en la fe como los que juegan con la mente de las personas. En realidad, no me gustaría verme dentro de ninguno de los dos, porque iba a caer como una mosca.
ResponderEliminarGenial trabajo, David, muchas gracia por compartirlo, seguro que estas cosas que nos estás dando van a aportar y enriquecer nuestros escritos.
Un fuerte abrazo!
Gracias, Pepe. Me alegra que te haya gustado. Cualquier vistazo al pasado es apasionante y sorprendente. Teniendo tanto material jugoso parece mentira que hoy día sean cosas como lo de Shakira lo que arrase en las redes, pero bueno.
EliminarLas ideas y valores de cada época se reflejan en todo, y la investigación criminal no es ajena a ello. Eso explica esos juicios de Dios o esas indagaciones "supersticiosas" que podían llevar al acusado nada menos que a la muerte. El tiempo las hace curiosas, pero como bien dices imagínate a ese pobre desgraciado cuya vida dependiera de cosas como ser más feo que el otro. En la segunda parte llegaremos a la época actual y a partir de hay esta sección tratará temas más concretos como la escena del crimen, las huellas dactilares, etc. Un abrazo!
Hola David, ¡qué interesante información! Me ha encantado saber más de este tema. Muy curiosa la forma en la que se procesaban los delitos en la antigüedad, me he quedado asombrada con algunos de ellos. Gracias por educarnos un poquito en el tema.
ResponderEliminarGracias, Ana. Como dices es muy curioso, a ojos de hoy, cómo las creencias de cada época se trasladaban a todo, en este caso a la investigación criminal. Algunos "métodos" para decidir quién era el culpable causan risa y también cierta pena, ¿cuántos fueron condenados a muerte por ser, por ejemplo, más feos que el otro sospechoso? Un abrazo!
EliminarHola David, tengo que leerla despacio y sin sueño, porque estas investigaciones policiacas de crímenes eran mi corte favorito de las películas y libros. .
ResponderEliminarUn trabajo increíble este material que nos compartes, me recuerda que me gustaba ver un programa del cable que daba esas historias de crímenes famosos que no se resolvieron o que se resolvieron años después.
Y que bien que vamos por mas, espero esa segunda parte, y definitivamente que todo lo que se hace con talento y perfección, es un arte, independientemente de que sea algo malvado, como la historia que narra la pelicula "Atrapame si puedes", el tipo era un genio de la falsificación.
Bravo y a seguir disfrutando de estas "Balas y Estrellas y por supuesto de ti, David.
Un abrazo cauteloso para no dejar mis huellas en tu espalda, ja, ja, me gustó mucho este artículo.
Gracias, Idalia. Aquí queda el artículo para ser leído cuando se tenga un momento, un buen momento porque es larguito, ja, ja, ja... Siempre me propongo ser más breve, pero no lo puedo evitar, veo tantas cosas que me resultan interesantes...
EliminarÚltimamente veo muchos documentales como los que mencionas y la verdad es que son realmente atrapantes, la manera como se afronta un caso, la historia en sí que llevó al crimen.
Recuerdo esa peli de Spielberg, y no sé qué me resultó más sorprendente, la historia en sí o que estuviera inspirada en alguien real. Como se dice, la realidad es tan o más increíble que la ficción. Un abrazo!!
Que bueno es leerte Es una manera de aprender en mi caso
ResponderEliminarcosas que no sabía
Te deseo siempre lo mejor
con lo tuyo y tu vida
Gracias, Recomenzar. Saludos!
EliminarMe encanta tu artículo, David. Es muy interesante. Me gusta todo lo relacionado a forenses, CSI, las mentes de los asesinos, etc.
ResponderEliminarGracias, Noelia. Comparto ese interés, la verdad es que es apasionante y no podía resistirme a incluir esa clase de contenido en el blog, junto a los relatos y la novela negra en general. Un abrazo!
EliminarSolo un saludo nocturno como uno de esos relatos que nos estremecen y apasionan. Mañana volveré por aquí, como en las historias de detectives vuelven los asesinos al lugar del crimen, para recrearme con placer lento y cuidadoso, como un ladrón de guante blanco ante una caja fuerte, con este relato que nos entregas como nos ofrece el detective genial y excéntrico las conclusiones de sus pesquisas en el inmenso salón con muebles ostentosos cerca de donde el cadáver del dueño de la casa reposa con el puñal lujoso alojado en su espalda.
ResponderEliminarUn abrazo, David
Gracias, Doctor! Ja, ja, ja... Tranquilo que para entrar aquí no hace falta entrar por la ventana o en mitad de la noche de manera sigilosa. El blog está abierto las 24 h para que cualquiera entre con premeditación y alevosía. Un abrazo!!
EliminarHola David. He leido esta entrada con mucho interés, y es que el tema tratado y sobre todo la manera en que está expuesto me han resultado muy amenos. Supongo que en toda esta información que nos has transmitido ha tenido que ver tu formación de abogado, para la que supongo estos temas serán materia de examen. Es curioso comprobar como antiguamente se podía condenar a muerte a alguien por las razones o los métodos mas nimios y acientíficos, la vida de la plebe era sin duda prescindible. La superstición y las creencias religiosas eran métodos de eficacia comprobada. Hoy en día el crimen se persigue de manera más eficaz, siempre que se mate por miles en cuyo caso se suele estar exento de culpa. Espero con ansia la siguiente entrada. Un abrazo.
ResponderEliminarGracias, Jorge. En Derecho estas cuestiones se dan un poco de refilón, al menos en mi época. Algunas de estas prácticas, de una manera más solemne, aparecían en Historia del Derecho y en Derecho Penal. Justo cuando estudiaba salió la carrera de Criminología, creo que por entonces era de tres años.
EliminarComo bien dices, las ideas y creencias de cada sociedad se trasladan a todos los ámbitos y la investigación criminal no es una excepción. Además, los poderes de aquellas épocas tampoco estaban demasiado por la labor y solo investigaban lo justo para calmar las aguas en la población, sin importarle demasiado quien pagara el pato del delito. Como en todas las épocas, el Poder solo interviene cuando le afecta: que los ciudadanos paguen impuestos y trabajen para que unos pocos se enriquezcan. Solo en esos casos se ponían manos a la obra.
Esa cita que refieres es una gran cita "Mata a un hombre y serás un asesino; mata a millones y serás un conquistador; mátalos a todos y serás Dios." Un abrazo!!
Hola, David. ¡Qué curro de investigación! Presentado de esa forma tan tuya que hace la lectura ágil y atrapante, tan bien estructurado, enriquecido con citas e imágenes... Para ignorantes del tema como yo, todo un placer. ¡Y solo es la primera parte! ¿No habrás sido criminólogo en tu otra vida?
ResponderEliminarUn abrazo!!
Gracias, María Pilar. Ja, ja, ja... no lo creo. De hecho, empecé a interesarme en ella hace un par de años y me atrapó por completo. Todos tenemos esa curiosidad por descubrir la verdad por saber qué es lo que ha pasado y leer cómo lo hace la policía es algo muy atrapante. Me alegra que te haya resultado ágil y atrapante, hay bastante tiempo de lectura sobre la materia detrás para conseguir un poco de seguridad en lo que escribo y tratar de hacerlo ameno. Un abrazo!
EliminarHola, David
ResponderEliminar¡No sé si ha sido la mejor idea desayunar hoy con la lectura de tu interesante texto... ! Es broma.
La verdad es que me ha resultado tan constructiva tu investigación que se me está ocurriendo lanzar una iniciativa popular, ahora que parece que nuestros políticos corruptos lo tienen más fácil para irse de rositas, y proponer la Ordavía Fluvial como pena para todos los chorizos que metan la mano en lo que es de todos. Aunque lo de encerrarlos con burros es una escena que me pone mucho....
Fantástico post que me ha hecho disfrutar y reflexionar, David. ¡Enhorabuena!
Gracias, Matilde. Ja, ja, ja... Si metiéramos en ese corral lleno de burros con la cola tiznada a todos los diputados, senadores, altos cargos, alcaldes, presidentes autonómicos, ejecutivos de los partidos políticos, etc te aseguro que todos saldrían con las manos blancas del mismo. Y es que en este país no hay pan para tanto chorizo sostenible, inclusivo y solidario... En fin. Un abrazo!!
EliminarHolaaaa.
ResponderEliminarRecalo en tu nuevo espacio y ya me has dejado con la boca abierta. ¡Pedazo de entrada! Interesantísima.
Genial la manera de introducirnos en la investigación criminal y curiosa la forma que se tenía antiguamente de buscar al asesino observando al asesinado. Por cierto, leí en no sé dónde que había la creencia de que la imagen del homicida se quedaba grabada en el iris del muerto o muerta, como una foto de seguridad, o algo así.
También me ha encantado saber el origen de la expresión "cargar con el muerto", es estupenda. Todo tiene su explicación. Como, gracias a lo que cuentas de castigar a todo un pueblo por el delito de unos pocos, entiendo por qué mis profes de EGB nos amenazaban con dejarnos sin recreo a toda la clase si no delatábamos a los que habían hecho alguna pifia.
Gracias por estas píldoras informativas que enseñan y entretienen.
Me quedo por aquí como seguidora.
Un fuerte abrazo, David.
Gracias, Paloma! Me alegra que te haya gustado la entrada y, por supuesto, contar con tu presencia y más en esta sección donde hablaremos de cosas de científicos y no será difícil que algún día meta la gamba.
EliminarLo que comentas sobre la imagen del asesino se llamaba Optografía, no la he incluido por cuanto no llegó a ser utilizada para la resolución de crímenes, aunque bien es cierto que dado el nivel no sé por qué, ja, ja, ja... Lo que es seguro que es en algún momento esa creencia tendrá su entrada, bueno, digo creencia, pero no hace mucho leí algo que parece vuelve a ponerla de moda. Un abrazo!
¡Hola! Qué artículo tan interesante!! Me gusta mucho la historia y las curiosidades, así que me ha parecido un gran aporte el tema de los delitos en la antigüedad y toda la evolución de cómo se entendían los delitos en tiempos pasados. Quedo a la espera de la próxima entrega.
ResponderEliminar¡Un abrazo!
Gracias, M.A. La verdad es que al meterme en esta materia he descubierto perlas maravillosas. Me alegra que te haya gustado esta primera parte de la investigación criminal en la historia.
EliminarUn abrazo!