HERBERT WILLIAM MULLIN | El asesino sacrificado
A los tipos como yo se nos suele acusar de ser indiferentes al bien y al mal. Están muy equivocados. Les aseguro que pienso constantemente en esos conceptos.
Si bien, de momento, tengo más dudas que certezas.
¿Qué significa hacer el Bien? Si respondiera que es hacer aquello que va en mi beneficio, sería tachado de egoísta; sin embargo, si dijera que es hacer algo en beneficio de los demás, su consideración respecto a mi persona sería más positiva. Por tanto, parece que el Bien es un concepto que depende más del sujeto que recibe la acción que de quien la realiza.
Desde este punto de vista, el tipo del que hoy les voy a hablar podría ser considerado un santo.
HERBERT WILLIAM MULLIN, el asesino sacrificado
Hoy me he levantado preguntón. ¿Qué valoración les merece el asesinato de una persona? No creo equivocarme si digo que el 99,9% de ustedes respondería que es algo atroz.
Pero, ¿y si con ello, querido lector, se consigue que usted siga vivito y coleando?
No hace falta que me responda.
EL NIÑO QUE TOCÓ EL SOL
Normalmente, la fecha de nacimiento dice pocas cosas de una persona, salvo para quienes crean en el horóscopo. En esta ocasión les pido tomen buena nota. Herbert William Mullin nació el 18 de abril de 1947, a las 6:06 h, en Felton (Santa Cruz County).
Sus padres le ofrecieron la infancia típica de cualquier niño nacido en una familia de bien. Cariño, educación con sólidos valores morales —en este caso católicos— y disciplina. Herbert recibía sus regalos por Navidad y su madre, Jean, le preparaba cada cumpleaños un delicioso pastel. Su padre, Martin —que trabajaba en la oficina de correos tras dejar el ejército—, lo aficionó a los deportes y, como todo buen padre del país del Tío Sam, le enseñó a manejar armas de fuego.
A esas atenciones, Herbert respondía siendo un niño ejemplar y estudiante modelo. De hecho, en una encuesta escolar salió como el alumno con un futuro más prometedor, lo que despertó sumo interés entre sus compañeras. No obstante, hasta para eso era ejemplar y solo tuvo una novia con la que se prometió en matrimonio a la tierna edad de dieciséis años.
Herbert sabía lo que se esperaba de él y él, por supuesto, estaba convencido de que estaría a la altura.
Puff... creo que esto empieza a ser empalagoso. Así que introduzcamos ya un giro dramático: una muerte.
Uno de sus mejores amigos falleció en un accidente de tráfico.
La muerte de un ser querido provoca un clic, un sobresalto que nos hace ver que nada es eterno, que las cosas terminan. Para Herbert supuso algo más.
Mucho más.
CUANDO DIOS TE HABLA, LE ESCUCHAS
A cada muerte le sucede un velatorio, el entierro, unos días de duelo y recuerdos que, gradualmente, se diluyen en el tiempo. Pero lo de Herbert fue algo exagerado. Se mostró tan desconsolado que llegó a convertir su habitación en un santuario con las fotos y objetos personales de su amigo.
Eso ya era raro, pero lo peor fue la pregunta que se instaló en su mente: ¿eso era un acto de amistad o era algo más profundo?
Hablando en plata: dudó de si en el fondo amaba a ese chico y, por tanto, resulta que él era gay. Y claro, eso no era propio de un ciudadano de bien. Era una mácula en su imagen. Pensó que bien podría ocultarlo, pero ¿y si no lo conseguía? ¿Y si, en realidad, sus padres, su hermana, sus vecinos o el resto de compañeros de instituto se habían dado cuenta de eso?
Y si ese defecto solo era el primero de otros muchos. Y si habría otros y resultaba que él, el chico del futuro brillante, no fuera capaz de dar la talla.
Nunca se sabrá si eso fue la causa o un síntoma más del proceso psicótico que comenzó a desarrollar. Tampoco si ese deterioro mental se aceleró por las drogas que le facilitó otro amigo, Jim Gianera, para aliviar esa carga mental que empezaba a pesarle más de la cuenta.
Años más tarde, su novia de entonces, diría que llegó un momento en el que sentía miedo a su lado, miedo a contradecirlo y enfadarlo para no tener que aguantar sus rabietas, en ocasiones violentas.
Sus padres también percibieron que Hebert se estaba pasando al lado oscuro. Sin embargo, pensaron que era por las drogas y que un buen programa de desintoxicación devolvería a su hijo al buen camino.
Se equivocaron, claro. Solo su hermana pareció darse cuenta de que Herbert no andaba fino de la azotea. Fue durante una cena familiar en la que estaba invitado su novio. Allí, observó que Herbert imitaba compulsivamente todos y cada uno de los movimientos de su chico. Si este cogía una cuchara, Herbert cogía una; si se limpiaba con una servilleta, él hacía lo mismo; si se levantaba, tosía o bebía... su hermano replicaba cada acción.
Su hermana sabía que Herbert no tendría ningún futuro brillante. Y él también. Eso le provocó un dolor insoportable. ¿Qué me está pasando? ¿Cómo es posible que yo solo sea un chalado incapaz de lograr nada?
Eso no podía ser.
Dios no podía haberle reservado un futuro de mierda. Él estaba llamado a grandes cosas. Él era un elegido.
Solo debía descubrir la misión que Dios le había encomendado.
Y la encontró en la fecha de su nacimiento.
EL PLAN DE DIOS
El 18 de abril de 1906, un terremoto en San Francisco provocó más de diez mil muertos. Una tragedia natural como pocas, ocurrida justo el mismo día y mes en el que él nacería cuarenta y un años más tarde. Además, un 18 de abril, en este caso de 1955, fallecería la mente más privilegiada de la especie humana en el siglo XX: Albert Einstein.
Esos tres hechos entrelazados por el 18 de abril no podían ser casualidad. Ahí se encontraba la respuesta a cuál era su misión, el importantísimo papel para el que había sido elegido.
Comenzó a estudiar y analizar las tasas de mortalidad de distintas localidades. No solo eso. También las comparó con los datos registrados de fenómenos naturales desastrosos como huracanes, terremotos, volcanes y cualquier otro evento catastrófico. Dedicó días y semanas a escribir de manera compulsiva, a plasmar las ideas que se forjaban en su mente en miles de folios... y en las paredes del modesto piso en el que vivía.
Hasta que dio con algo.
Observó que en los años previos a cualquier desastre natural había disminuido la tasa de mortalidad en la población, y concluyó que la Tierra, dándose cuenta de ello, reaccionaba tomando cartas en el asunto para mantener el equilibrio natural. ¡Eso era! Y Einstein, que también era un elegido, había descubierto esa verdad.
Einstein murió a causa de un aneurisma, pero nuestro Herbert fue más allá y se convenció de que en realidad se suicidó, se sacrificó para preservar la cuota de sangre que exige la Tierra y así evitar que murieran decenas de miles.
Solo los elegidos podían desvelar esa verdad.
Y Herbert era un elegido.
Así que ya sabía cuál era su misión.
Afortunadamente para sus coetáneos, en esa época (1955-1975), la guerra de Vietnam estaba en su apogeo y Herbert pensó que allí ya se producían suficientes muertes para evitar desastres como, por ejemplo, un gran terremoto que destruyera California.
De momento no precisaba actuar. Pero debía prepararse para cuando la guerra terminara y la Tierra pidiera nuevos sacrificios. Así que se apuntó a clases de boxeo, como en su día hizo su padre. Según el entrenador no tenía talento pero sí voluntad para aguantar las palizas que recibía y que lo prepararan para su misión hasta que al fin llegara su momento.
TRECE
Ya empiezan a conocerme y saben, y aprecian, que de tanto en tanto comparto mis reflexiones con ustedes. He leído que los expertos consideran que la superpoblación es uno de los mayores problemas a los que se enfrenta la Humanidad. Bueno, no hace falta ser Einstein, basta con saber sumar y restar para darse cuenta de que solo existen dos soluciones: o disminuye la natalidad o aumenta la mortalidad. Y aquí retomo mi digresión sobre el Bien y el Mal. Si reducir la población es bueno para todos, he de entender que el hecho de tener hijos es algo malo; y, por el contrario, cometer asesinatos es algo bueno para ese fin. Ya sé que ambas opciones no son populares, pero yo no inventé la aritmética.
Herbert Mullin se decantó por esa segunda opción. Terminada la guerra de Vietnam, había llegado el momento de ejecutar la misión que Dios le había encomendado. Él era el discípulo número trece. Y en honor a ello su primer sacrificio debería realizarse un día trece, para desgracia de Lawrence White.
Lawrence era un entrañable anciano que el día 13 de octubre de 1972 cogió su coche. Hacía tiempo que no lo llevaba a revisión y en un momento dado se le gripó, dejándolo en la cuneta de una carretera. Herbert circulaba por allí y lo vio. Paró a pocos metros de White que se encontraba con medio cuerpo bajo el capó intentando poner orden al motor de su vehículo. Entonces escuchó en su mente las palabras del anciano.
[PASA EL RATÓN POR ENCIMA]
Lo han leído bien. Herbert escuchó al anciano pedirle telepáticamente que lo sacrificara.
Él cogió un bate de béisbol y cumplió sus deseos.
A ese primer sacrificio le seguiría, días después, el de una joven universitaria. La chica estaba haciendo autoestop y tuvo la mala fortuna de que Herbert se parara. En esta ocasión ni se bajó del coche. La abrió en canal con un cuchillo y sus intestinos se desparramaron en el asiento.
Meses después, una vez detenido confesaría que jamás logró limpiar completamente la sangre de la alfombrilla.
A estas alturas, y habrán concluido que Herbert estaba chalado del todo.
Seguro que sí, pero no tanto como para darse cuenta de lo que había hecho.
PADRE, ¿POR QUÉ ME HAS ENGAÑADO?
Con el asesinato de esa joven, Herbert comenzó a dudar. Esto es muy común. Cuando matas a alguien te das cuenta de que la sangre huele, que la víctima no responde como quieres y que, cuando muere, surge un silencio muy incómodo.
Buscando expiación o respuestas, acudió a la iglesia de Sant Mary’s en Los Gatos, dentro del condado de Santa Cruz. Su intención era recibir el sacramento de confesión. Se desconoce el contenido exacto de su conversación con el cura, pero sí el sangriento desenlace. Según Herbert, el religioso se le ofreció telepáticamente para ser sacrificado y no tuvo más remedio que clavarle un cuchillo en el corazón.
Ese tercer sacrificio aumentó sus dudas y desasosiego. Quizá se había equivocado. Quizá su misión no era algo heroico. Y si no era eso, ¡¿qué horribles actos había cometido?! Se sintió tan sucio y asqueado que, a partir de entonces, sus víctimas ya no serían fruto del azar, sino de la venganza.
Lo habían engañado para obligarle a cometer actos repugnantes. Y se juró que quienes le arruinaron la vida lo pagarían, aunque fuera Navidad.
Empezando por quien le introdujo en el mundo de las drogas.
Jim Gianera, el amigo que le vendía marihuana y LSD en su adolescencia, residía en una pequeña cabaña situada en un lugar extraño: Mystery Spot.
Como ya vislumbran las vacaciones de verano, permítanme un alto en la narración para recomendarles este curioso destino turístico. Espero que sepan apreciar cuánto me intereso por ustedes.
No me den las gracias.
La cabaña estaba adornada con las típicas luces navideñas y el correspondiente árbol con sus guirnaldas y bolas de colores. Su amigo ya no residía allí. Ahora vivía una joven madre, Kathy Francis, con sus dos hijos de corta edad. La mujer le facilitó amablemente la nueva dirección de su amigo y Herbert se marchó.
Localizó a Jim y lo mató a balazos. También a su esposa. Luego, regresó a Mystery Spot donde Kathy recogía los platos de la cena mientras sus dos hijos pequeños jugaban tranquilamente a las damas chinas en su habitación. Que Herbert fuera esquizofrénico parece que no le impedía razonar que no era bueno dejar testigos. Ese día, la cuenta de sacrificios se elevó a ocho.
Cuatro más se añadieron después y Herbert decidió entonces perderse en la naturaleza exuberante del Parque Estatal «Henry Cowell Redwoods», quien sabe si arrepentido, atemorizado o absolutamente desorientado. En uno de sus paseos se encontró a un grupo de adolescentes que estaban de camping en un lugar prohibido. Primero les ordenó que se marcharan; luego, los ejecutó a los cuatro con su rifle calibre 22, como castigo a las burlas y mofas que los pobres incautos le profirieron.
Doce víctimas. Doce. A esas alturas, su cabeza debía ser un hervidero. ¿Era un salvador? ¿Era un asesino? ¿O quizá era una víctima? Después de todo, ¿no lo habían empujado entre todos? ¿Por qué la inepta policía no lo detenía?
¿Hasta ese punto le obligaban a seguir matando?
Solo la cábala lo detuvo. Concluyó que si llegaba a los trece asesinatos se cerraría el círculo que inició el 13 de octubre de 1972. Así que otro día trece, el 13 de febrero de 1973, condujo su coche esperando que el destino le ofreciera su última víctima. La encontró en un jardín: un anciano que regaba sus plantas.
Bajó del coche y le apuntó con el rifle. Se lo tomó con calma para que los vecinos y demás conductores vieran su cara y tomaran la matrícula de su coche.
Entonces disparó.
Recorrió un par de kilómetros con su coche, hasta encontrarse con el control policial y entregarse.
Herbert Mullin murió por causas naturales el 18 de agosto de 2022.
Supongo que ahora ya sabrá si fue un emisario de Dios o un asesino en serie.
- Nombre: Herbert William Mullin.
- Nacimiento: 18 de abril de 1947 (Felton, California).
- Asesinatos confirmados: 13.
- Periodo de actividad: 13 de octubre de 1972 - 13 de febrero de 1973.
- Motivación: Delirio esquizofrénico (creía que asesinando prevenía terremotos).
- Detención: 13 de febrero de 1973.
- Fallecimiento: 18 de agosto de 2022 (75 años) en el California Health Care Facility.
NIVEL 15: Asesino a sangre fría (Motivado por delirios psicóticos)
Esto es todo por hoy, como siempre ha sido un placer compartir unos minutos con ustedes y les espero de aquí dentro de unas semanas. Mientras tanto... sean muy felices y moderadamente malvados.
Hola, señor López:
ResponderEliminarSin ser un crédulo, le creo: ¿quién no tiene más dudas que certezas sobre la vida y sus rarezas? Sin ser un devoto, voto por animarlo a que escuche los salmos rítmicos de la banda Siniestro Total; que en su loor al endiosado Gauguin –titulado “¿Quienes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?”– dan respuesta hasta a la duda que más nos devora: ¿Cuándo se come aquí?
¿Quién puede matar a un niño? nos pregunta. Pues, siendo moderadamente malvado, le respondo que más gente de la que creemos: para empezar, cualquiera que haya visto la excelente película homónima de Narciso Ibáñez Serrador; para terminar, cualquier desalmado como el que usted nos ha iluminado con la luz de su discurso.
El placer ha sido mío al leerlo, señor López.
¡Rocanrol!
Estimado señor Ortea, compruebo con satisfacción que compartimos ciertos gustos musicales y cinéfilos. También comparto esa pregunta fundamental ¿cuándo se come aquí? Esto del bien y el mal es algo muy curioso, puesto que depende de que vivamos solos o en sociedad. Comer es sin duda algo necesario y por tanto bueno, pero al vivir en sociedad la cosa parece complicarse si el acto de comer para uno mismo significa que otro no coma y así todo.
EliminarPor supuesto he visto y disfrutado de esa película del maestro Chicho Ibáñez Serrador, muy bien traída al comentario y ejemplo de que al final son las circunstancias más que las voluntades las que rigen nuestros actos. Me uno a ese canto de Rocanrol, al que añadiría el sexo y algún que otro vicio. Saludos.
Señor López, una vez más me ha sorprendido para bien. No tenia ni idea de la existencia de semejante ejemplar. Para mi ha sido todo un descubrimiento. Le ha quedado una biografía muy aseada. Pero aparte de devorar su articulo acerca de la vida de este tipejo, he disfrutado mucho más de sus opiniones, señor López. Por ejemplo, esa frase en la que dice que usted no inventó la aritmética ha sido puro néctar para mí. Un abrazo y cuídese, amigo mío.
ResponderEliminarEstimado señor Merchán. Compruebo que su buen gusto se mantiene en el tiempo y sabe apreciar mis invitaciones a la reflexión con las que suelo detener la narración de los hechos. Pienso que para algo he sido invitado, más allá de para relatar lo que cualquiera puede encontrar en internet. El comentario que usted destaca es obvio, solo existen esos dos caminos para contener la superpoblación, luego, que cada uno considere lo más adecuado a tal fin. Le agradezco su comentario y, para su tranquilidad, sepa que estoy bien cuidado y mantengo ciertos hábitos saludables como beber, fumar y copular, eso sí con moderación. Saludos
EliminarNo tenía ni idea. Como siempre, agradecerte tu entrega y tu vocación docente en estas lides.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo
Le agradezco sus palabras, estimada señora Albada. Saludos
EliminarUna narración que me ha tenido enganchada desde la primera línea. Menuda historia la de este hombre y qué bien nos la ha contado usted, señor López, con esa ironía que le caracteriza y aligera un poquito lo tremendo del relato. Para reflexionar también ese dilema ético que plantea. En fin... Encantada de volver a leerle.
ResponderEliminarEstimada señora Navarro. Que suela provocar reacciones como la que comenta no quita para que le agradezca sus palabras. La ética es bien curiosa. Parece que los avances médicos que logran extender vidas ya gastadas es algo bueno, aunque vaya en detrimento de impedir que nuevas vidas por vivir sean limitadas. ¿Quién tiene más derecho a este planeta? Quien ya lo ha vivido todo o quien le queda todo por vivir? Le mando un saludo
EliminarExcelente artículo señor López, otro estupendo ejemplo de la multitud de asesinos seriales que hicieron verdaderos estragos durante la segunda mitad del siglo pasado en Estados Unidos. Un saludo!
ResponderEliminarEstimado señor Mompeán. No se confunda, a día de hoy existen los mismos perfiles, aunque quizá los cuerpos policiales logran atraparlos antes o los medios de información no se atreven a contarlos. Es más, viendo la locura de esta sociedad, diría que el número ha aumentado. Le mando un saludo de vuelta.
EliminarQué terrible lo de este hombre. No sé de asesinos en serie que lleguen a dudar de si lo que hacen está bien o mal, si son enviados de los dioses o simples asesinos. Sea como sea, por mucho que digan sobre su salud mental y mucho que puedan distinguir el bien del mal y se los considere responsables de sus actos, yo creo que no dejan de estar como unas maracas. Otra cosa sería una maldad que me resulta incomprensible.
ResponderEliminarMuy interesante, señor López.
Un beso.
Estimada señora Berros, la maldad suele resultarme tan incomprensible como la bondad. Es más, estoy convencido que un asesino serial se mueve en las mismas coordenadas de placer que cualquier misionero que abandona su hogar para servir cualquier poblado de África. Quizá más que en términos morales, habría que analizarlo en términos de necesidad emocional. Le agradezco su comentario y visita por supuesto. Saludos
EliminarSr. López, qué buena síntesis nos ha hecho de la vida y misiones de este tipo tan singular. Creo que no es el único que se siente impulsado a matar por voces en su cabeza. Quizá compensó su complejo de inferioridad creyendose elegido. Es muy interesante adentrarse en estas mentes perturbadas. Y es muy triste también. Me ha encantado, ha sabido usted entrar completamente en la psicologia de este asesino, y además planteandonos dudas morales de peso...
ResponderEliminarEl exceso de población es el gran problema que amenaza de verdad al planeta y a sus moradores. La única solución es limitar los nacimientos, pero no parece que eso se debata siquiera entre los gobernates, sería impopular. Por tanto el futuro es negro...
La idea de los sacrificios humanos ha sido siempre mantener contentos a los dioses, para que no les de por provocarles alguna catástrofe natural que les destroce las cosechas o a ellos mismos. Fenicios, incas, aztecas... Tendrían estos pueblos alguna esquizofrenía colectiva? Ahí lo dejo.
Gracias por invitarnos a disfrutar de esta triste historia tan bien contada.
Un fuerte apretón de manos.
Estimada señora Volarela, celebro su excelente paladar para apreciar una buena lectura. Aprovecho su comentario para invitarla a otra manera de enfocar el problema ¿quién tiene más derecho a vivir? ¿El que ya lo ha vivido todo o quien tiene todo por vivir? Realmente me sorprende que se tome como algo bueno que la medicina avance para lograr que el ser humano llegue a los 130 años o más, y hasta que se hable de inmortalidad, cuya consecuencia obvia sería impedir que nuevas vidas lleguen a este mundo. No es uno de los argumentos ecologistas el de nuestra responsabilidad para las generaciones futuras no nacidas todavía? Reflexiono y cada vez tengo más dudas al respecto.
EliminarTambién es verdad que otras actividades me ocupan más tiempo. Le aprieto esa mano con gusto y aprecio. Saludos
Sr. López, nos presenta un artículo muy trabajado y no exento de una ironía que hace más fácil la lectura. ¿Quién puede matar a un niño? Dicen que hasta los doce años están para comérselos y luego te preguntas que por qué no te lo habías comido de verdad jeje. Yendo al meollo del asunto tengo cada vez más claro que los verdaderos locos no están en los psiquiátricos sino que van pululando por las calles y en el caso del susodicho presentado, está claro que estaba como las Maracas de Machín o más allá ;). Dentro de la locura que conlleva este asunto y sobre todo del dilema moral que puede suponer, tengo la sensación de que la naturaleza es sabia y tiende a regular las poblaciones. Por cierto, este tipo, ¿Fue condenado a muerte o a Cadena Perpetua? ¿Fue a un psiquiátrico? Aunque es un tema demasiado doloroso para sus víctimas la verdad es que el personaje tiene una película.
ResponderEliminarAbrazos.
Estimado señor Pina, un placer volver a contar con su visita. Respecto a su última pregunta. El señor Mullin fue condenado a cadena perpetua. Las dudas sobre su estado mental, pese a que en algunos mostró evidente premeditación, hicieron dudar al juez con la pena a aplicar. Es más, se me olvidó añadir en el articulo, ruego perdonen mi impericia, que el tal Mullin también fue un bloguero que publicaba sus textos en una página web https://herbertwilliammullin.org/
EliminarLos psiquiátricos, como las cárceles, son lugares muy pequeños para que todos los que debieran permanecer en ellos quepan. La norma es la locura en esta sociedad y cada vez más. Sin duda, la vida de este tipo podría dar una muy buena película. Quizá influido por mi reciente visionado de Joker propondría al señor Fénix para interpretarla. Le mando un cordial saludo de vuelta.
Buenas señor López. No se de donde saca usted a estos personajes, pero cada vez se supera. Ya no se trata del asesino que mata por placer, rencor o venganza, sino que es un elegido por el mismo Dios para hacer el bien a la humanidad... asesinando. Y es que ¿Qué importa el individuo frente al colectivo? En una cosa no estoy completamente de acuerdo, y es que para limitar los efectos de la superpoblación se podrían contemplar otras alternativas, como enfocar la producción a lo necesario y no a la fabricación de "cosas" superfluas, limitar el crecimiento, desarrollar otros modelos de sociedad y consumo más compatibles con la supervivencia a largo plazo, y en última instancia explorar otros mundos en los que seguir expandiéndonos y terminar devorándolos como hacemos con el nuestro... aunque quizás todo esto esté más cerca de la ciencia ficción, o de la ficción social, que de la realidad. Interesante biografía la que nos trae, y menos mal que para el sujeto el número 13 tenía un significado, pongamos por caso que lo que le dijese algo fuera el 666... Un abrazo, señor López.
ResponderEliminarEstimado señor Valín, no solo constato su buen gusto sino que compruebo con deleite su humor negro, je, je, je... Me sacó una carcajada con su observación final. También me resultó interesante su enfoque del problema. Como bien apunta las medidas deberían ser más prácticas que morales, pero de momento ahí siguen nuestros gobernantes con medidas estrella como engrosar los impuestos "ecológicos" para salvar el planeta. ¿De verdad sirve de algo que un servidor pague un impuesto para que un hábitat natural se salve? Me temo que nada cambia, solo las excusas para sangrar a la población y que los mismos sigan arriba y los mismos sigan abajo. Para la próxima temporada querré traer a Unabomber, un tipo con un discurso de los que un servidor sacó muchas conclusiones.
EliminarLe agradezco su enriquecedor comentario y abrazo. Saludos
Hola, ¿sr. López?: ¿y va y muere un día 18? A ver si los expertos en la materia se han equivocado y no es el número 666 el número del diablo, sino más bien el 18... Porque este elemento nació un 18 y murió un 18 y entre medias no se llevó a 18 personas pues porque lo cogieron antes, pero seguro que estaba predispuesto a ello... ¡Vaya elemento! Yo creo que no fue la muerte del amigo lo que le causó esa locura, sino su propia cabecita que brillaba pero por su ausencia de cordura, tenía los cables cruzados totalmente, le faltaban unos cuantos tornillos y todas las rarezas de la testa habidas y por haber. De verdad que es mala suerte cruzarte con un tipo de estos, esperemos que no se prodiguen mucho. Genial artículo. Un abrazo. :)
ResponderEliminarEstimada señora Merche. Agradezco sus palabras y esa observación que denota su concentración lectora. En efecto, el señor Mullin para que tuvo una vida marcada por los números azarosos del calendario. Quizá es como comenta, quizá como en agricultura, para que un cultivo dé frutos precisa del terreno adecuado y de las semillas que se planten. En el caso de nuestro protagonista las semillas de su vida encontraron en su cabeza terreno fértil.
EliminarMe gustaría tranquilizarla, pero lo más seguro es que alguna vez en su vida se habrá cruzado con alguien capaz de matar o incluso que ya lo haya hecho.
Este tipo de personas especiales siguen en nuestra sociedad, aunque quizá tengan menos focos mediáticos. Le mando un saludo de vuelta.
Hola, señor López, encantada de conocerlo.
ResponderEliminarMenudo espécimen nos ha traído a sus crónicas, aunque lo de los sacrificios humanos para mantener contenta a la madre Tierra me ha parecido muy interesante. El pobre estaba preocupado por el exceso de población y quién no, yo misma vaticiné no hace mucho una moratoria a la natalidad. Todo llegará, a menos que Gaia se tome la justicia por su mano.
Me ha gustado mucho su artículo, señor López. Volveré a leerlo en próximas entregas que, sin duda, serán de mi interés.
A David le diré que me gusta mucho como está quedándole el blog. La tabla de contenido me ha encantado, incluso la he buscado para ponerla yo también, pues la mía es completamente casera y manual. Solo te daré un truquillo para que al pulsar se vean los encabezados: coloca uno, dos o tres espacios 'br /' entre < y > que colocó así para que no me los cambie por un salto de línea. Espero que lo entienda. Metidos dentro de los 'div'. Espero que le funcione a David y si no, ya sabes donde encontrarme, en el garito de ELEEA.
Un abrazo!
Estimada señora MJ RU1Z, es un placer conocerla y celebro que haya disfrutado de mi publicación. Lo primero es agradecerle su consejo que traslado a David de inmediato, puesto que ciertamente la clicar en el título del índice el mismo remite más abajo del título del apartado. No sé hasta qué punto será capaz de corregirlo por sí solo, así que no se extrañe si contacta con usted.
EliminarRespecto a esa moratoria, es una medida interesante, aunque no sé cómo posicionarme. Los que ya estamos vivos contamos con la enorme ventaja de que podemos votar, cosa que no sucede respecto a los no nacidos todavía. No obstante ello, la clave es sumar o restar ¿restar nacimientos a costa de sumar años a vidas que ya lo han hecho todo? ¿restar años de vida para poder sumar nacimientos que den savia nueva a nuestra sociedad?
Yo suelo comentar que el punto final de mi vida será el día en el que no pueda acudir solo al baño, pero ello es mi opinión hoy claro. Un placer haber contado con su visita y aportación. Reciba un cordial saludo.
Señor López me ha dejado una sensación extraña después de leer la historia de este psicópata. Qué impresionante como puede cambiar la vida de alguien por un "switch" que está mal colocado. Interesante el "aura" religiosa con la que este personaje justificó sus crímenes. Quizás nos pueda en un futuro poner algún artículo sobre psicología de los asesinos en serie.
ResponderEliminarSalúdeme por favor a David.
Estimada señora Piera. De alguna manera, cada una de las publicaciones de esta mi sección es una muestra práctica acerca de las motivaciones de los asesinos seriales. Dado su interés, y para que no se diga que en este blog no se atienden peticiones de la audiencia traslado su propuesta al administrador a fin de que dedique a ese tema algunas entradas de la sección True Crime. Le mando un cordial saludo.
EliminarPrimero mi felicitación por esa introducción Sr. López. A manera de chanza, por aquí solemos decir cuando los niños dan muestras de estar algo fuera de control, envenénenlo ahora que está chiquito, ja, ja.
ResponderEliminarYa en serio, lo que cada uno trae de fábrica en ese cerebro, o mejor dicho, en su información genética y kárnica, es un tema para miles de páginas de estudio del comportamiento humano.
Interesante y muy bien llevado este articulo, que nos mantiene en vilo hasta terminar, tremendo personaje... Si se hubiera hecho abogado de seguro que su autodefensa lo hubiera dejado en libertad.
Pienso que el mayor daño que se le puede hacer a una criatura, es meterle mucha presión, sobre lo que sea, los estudios, la religión, portarse bien, ser ordenado, educado y excelente en todo, o lo contrario, obligarlo a hacer el mal, por lo que sea, estar bajo presión siempre termina en explosión. Todos los excesos son dañinos, van en contra de la libertad de ser, y tarde o temprano te rebelas a todo eso.
Pensar que este tipo murió hace poco da grima, que vivió 26 años en libertad y 49 años preso, porque imagino que le dieron cadena perpetua. Es de suponer que aprendió que no era tan valiosa su muerte, como para evitar las catástrofes y muertes colectivas que equilibraran el planeta. Espero que todos esos años de vida en la cárcel, le hayan servido para pensar con más claridad en la próxima encarnación.
Una historia extrañamente curiosa, y con detalles muy lucidos para cuestionarnos, hasta dónde el bien es bondad, y el mal es maldad. A propósito, supe que la pandemia tenia los mismos fines, reducir la población mundial, solo que no contaron con la gran cantidad de inmunes, y emancipados mentales que existen...
Se que se disfrutó esta alfombra roja Sr. López. disfrute también el fin de semana.
Estimada señora Payano. Observo con suma satisfacción que esta entrada le ha resultado especialmente enriquecedora. Como bien ha aventurado, el señor Mullin fue condenado a cadena perpetua, dadas las dudas sobre hasta qué punto era consciente de sus actos o no. Al fin y al cabo, sus fechorías tenían la noble intención de salvar cientos de miles de vidas. Por tanto, para él estaba haciendo algo bueno. Respecto a sus tribulaciones en prisión le recomiendo que visite su blog, dado que también fue un bloguero asiduo y en sus últimas entradas pareció dar muestras de arrepentimiento, aunque eso sí, no sabremos si por honestidad o por búsqueda de algún beneficio penitenciario. Si le interesa escarbar en su mente la invitó a visitar su página https://herbertwilliammullin.org/ estoy convencido que sabrá sacar alguna reflexión para compartirla en su blog, del que David me ha hecho muy aficionado. Le mando mis mejores deseos y parabienes. Saludos
EliminarSr López.
ResponderEliminarEste documento me aclara muchas cosas. Andaba yo por esa época y ese lugar geográfico tan conocido de las alteraciones gravitacionales, pinchando cordones dentro de sus blisters por los supermercados de ña zona, y al mismo tiempo analizando el aumento de la población, sin resultado positivo; y ahora se entiende todo. Alguien me estaba contrarrestado. Abandone la iniciativa ante la falta de resultados. Pensé aumentar el calibre del alfiler, pero finalmente desistí.
Pero bueno, tras los últimos comentarios, se pueden perdonar sus acciones , con el único argumente de que tenía un blog: era "uno de los nuestros".
Tarde llega ña noticia psra el protagonista, pero le diré wue hay 14 muertos, y no solo 13, por cada uno de los vivos. Lo he aprendido esta semana leyendo una novela en que un grupo de ayuda a enfermos terminales, lo tiene estudiado por una simple división entre los que han acudido y los que acuden al grupo.
Si realmente tenía esquizofrenia, ala wue din duda animó el Led, no creo ni qye aprendiera la lección, ni que planificarlo no tuviera alguna importancia.
Respecto a Hitler, contándole el brazo derecho, habría sido suficiente. Mutilador por asesino, y me ahorro novecientos muertos.
Le dejo, Sr López que se me ha acabado la cerveza.
Abrazoo
Estimado señor Gabiliante. Le aseguro que es difícil, pero ha logrado sacarme una sonrisa con su comentario. Quizá, como dice, fuera Mullin quien contrarrestara sus acciones en pro de la perpetuación de la especie, si bien es cierto que en un lugar con alteraciones gravitacionales quizá lo de subir y bajar también funcionara distinto a lo que estamos habituados, je, je, je...
EliminarPuede leer el blog en el enlace que he dejado más arriba, yo le he echado un vistazo y no es gran cosa, un poco plañidero y quejica para mi gusto. Prefiero a tipos como Bundy o Dennehy que no tenían complejos en asumir sus actos.
Respecto al führer, bueno, creo que de poco hubiera servido esa amputación, hasta donde yo sé su brazo derecho, ni el izquierdo, mató a nadie directamente. Quizá cortarle la lengua hubiera dado más resultado. No le entretengo más, sé que quedarse sin cerveza es una situación de emergencia que ha de atenderse con presteza. Le mando un saludo.
Jajaja y a mí me tocó comentarte después de GABILIANTE. Primero, decirte que me gusta tu personaje Sr López y sus crónicas,. Con esta me ha tenido en vilo con este asesino serial mitad esquizofrénico y mitad psicópata consciente de sus crímenes. Muy interesante y amena la lectura aunque truculenta, desde luego. Muchas gracias y un fuerte abrazo.
ResponderEliminarEstimada señora Myriam. Me gusta ser gustado por usted, y que mis barruntos la mantengan en vilo. La espero en mi próxima visita al blog. Le mando un afectuoso saludo.
EliminarBuenas tardes!!!
ResponderEliminarEs domingo por la tarde y lo estoy pasando en grande con semejantes relatos.
Increíble trabajo, me inclino ante Ud
Saludosbuhos!
Estimado señor Buhoevanescente, suelen decírmelo mucho. Le agradezco su visita y comentario. Saludos de parte del señor López
EliminarPor macabros que sean, me encanta conocer esos actos horribles que cometen los asesinos en serie. ¿Acaso será que en mi ADN existe un gen psicopático dormido?, je, je.
ResponderEliminarHablando ahora en serio, aunque me reafirmo en mi gusto acerca de estas historias macabras, siempre me he preguntado si esos asesinos son realmente enfermos mentales. Yo diría qie sí, pero en más de una ocasión un psiquiatra forense ha determinado que un asesino en serie sabía perfectamente lo que hacía y ejecutaba a sus víctimas con total frialdad. Sigo creyendo que alguien así, no pede estar cuerdo. Y en el caso de Herbert William Mullin, creo que está claro
Continúo: está claro que padecía algun trastorno metal al creerse un iluminado que tenía la obligación de equilibrar la población matando.
EliminarUna vez más, le agradezco su contribución a la casuística de hechos abominables y nos ilustre con una información tan detallada al respecto.
Un saludo.
Estimado señor Panadés. Su aprecio a estas historias no solo demuestra su buen gusto, sino su sentido común. puesto que algo tienen de preparación para los aconteceres de la vida y para estar alerta ante esta clase de tipos. La inocencia y el candor suelen ser la primera causa de mortalidad.
EliminarEs complicado conocer lo que pasa en la cabeza de cualquiera, para mí, me resulta más inconcebible el caso de algunas personas como los misioneros o voluntarios que dejan su vida para intentar ayudar a no se sabe qué pueblos perdidos en África. Tanta bondad y generosidad también me hace cuestionar su salud mental. En el fondo, creo que al final todos buscamos una única cosa: placer. El problema es cuando ese placer es socialmente condenado. Le agradezco su visita, palabras y, por supuesto, le espero en mi próxima visita al blog.
Hola, Señor López, aunque te saludo desde lejos y de forma tímida, que veo que a tus amigos se le cruzan un poco los cables. Hablando de las preguntas que plantea, lo de asesinar al niño para ahorrar muertes, me recordó a un programa de radio donde exponían dos niños, cómo eran en su infancia y el oyente debía elegir cuál salvar, según había sido de niño, el que se salvaba siempre era el que después se convirtió en un pieza. Yo no creo que esa sea la solución, como en la película Los niños de Brasil, todos tenemos una oportunidad de hacer el "bien", y he aquí otra de las enigmáticas preguntas que nos ha dejado hoy, Señor López, porque el bien para unas cosas puede ser al mismo tiempo el mal para otras. Y así no hay quién se entere.
ResponderEliminarY hablando de personas que no de enteran me ha impactado con eso de la ecopraxia. Creo que soy ecopraxio, o como se llame, y odio no poder ser original, mire que con esas cosas no se juegan, y más con todo el elenco que nos trae y del que no me gustaría copiar... Bueno, esperemos que la sangre no llegue a ningún lado.
Muy buena entrada,Señor López, me gustó la humanidad del personaje, primero por pensar ser portador de una actividad divina, luego lleno de arrepentimientos, aunque los justos
Un abrazo y nos leemos!
Estimado señor Pepe. Un gusto contar con su presencia en esta sección que es la suya. El Bien es, como todo en la vida, relativo. Imagínese que fuera un genio de la lámpara y se encontrara con un desdichado a quien la mujer que ama no le corresponde. ¿Sería correcto ayudar a ese desgraciado y concederle el amor de la susodicha? Y si, con ello, está impidiendo que otro pretendiente igual de amante no pueda mantener una relación con ella.
EliminarLa vida es limitada, tanto en tiempo como en extensión, y lo que es bueno para uno, seguro que no lo será tanto para otro. Quien logra un puesto de trabajo, es a costa de otro que lo pierde; quien se lleva a la boca un trozo de carne, otro se queda hambriento.
Curioso programa de radio el que nos comenta. La verdad es que me hubiera gustado escucharlo. Le mando un afectuoso saludo.
Este no me sonaba de nada. Enhorabuena. Para mí, un extraño descubrimiento.
ResponderEliminarGracias, señor Blanc. Celebro haberle dado a conocer tan peculiar personaje. Le mando un saludo.
EliminarPorque le llamaban el hippie asesino?
ResponderEliminarGracias, señor Anónimo. En las fuentes que he consultado no encontré ese apodo. Sin embargo, a raíz de su pregunta he visto en internet varios artículos que se refieren a Mullin de esa forma. Desconozco si es un sobrenombre que le dio algún periodista y luego, por corta y pega, se ha hecho popular. Por darle alguna explicación, quizá fuera por su aspecto desaliñado o su manera de vivir que además coincidió con el movimiento hippie de los sesenta. En todo caso, no se trata de un apodo que usara Mullin como si fue el caso de Unabomber o BTK. A su disposición.
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