LOS AMIGOS DE EDDIE COYLE de George V. Higgins | Cuando delinquir es un trabajo como otro cualquiera
Elmore Leonard calificó esta novela como: «la mejor novela negra que se haya escrito nunca. Hace que El halcón maltés parezca un juego de niños».
Sin duda, esa es una oferta de lectura imposible de rechazar.
Y también la mejor elección posible para reiniciar la sección de reseñas de Balas y Estrellas.
LOS AMIGOS DE EDDIE COYLE
de George V. Higgins
¿CUANDO SE ESCRIBIÓ ESTO?
George V. Higgins escribió esta novela durante 1970, aprovechando los ratos libres que le dejaba su trabajo como fiscal adjunto en Boston.
Esos ratos de escritura no debieron ser muy largos ni demasiado habituales, ya que el crimen organizado de la ciudad estaba, digamos, un tanto alterado como podéis ver en la edición especial del Boston Noir de la época.
NOIR
Un atraco a la sucursal del State Street Bank & Trust, en el barrio de Brighton, termina con la muerte del agente Walter Schroeder, tiroteado durante la huida de los asaltantes. El asesinato conmociona a la ciudad y desata un amplio operativo policial en busca de los responsables.
La policía identifica a varios sospechosos del atraco. Entre los implicados figuran antiguos convictos y jóvenes vinculados a ambientes universitarios radicales. La investigación apunta a que el asalto no fue un simple golpe económico, sino parte de una operación destinada a financiar actividades políticas violentas.
Tres días antes del atraco de Brighton, un grupo armado asalta una armería de la Guardia Nacional de Massachusetts. Los ladrones sustraen munición y material militar antes de prender fuego a las instalaciones. El robo cobra especial relevancia tras comprobarse que parte de los sospechosos aparecen también vinculados al asalto bancario de Brighton.
Mientras la ciudad digiere el caso Schroeder, las autoridades mantienen el foco sobre los circuitos de juego ilegal, préstamos usurarios, tráfico de armas y confidentes que recorren los barrios obreros del área metropolitana. En Boston, la línea entre delincuente, soplón y superviviente rara vez aparece bien iluminada.
La Racketeer Influenced and Corrupt Organizations Act, más conocida como Ley RICO, entra en vigor como parte de la ofensiva federal contra el crimen organizado.
La Guardia Nacional dispara contra manifestantes contrarios a la guerra de Vietnam en la Universidad Estatal de Kent. Cuatro estudiantes mueren.
Más de 400.000 trabajadores de General Motors abandonan sus puestos y paralizan decenas de plantas en Estados Unidos y Canadá. La huelga se prolongará durante 67 días y golpeará a la mayor compañía automovilística del mundo en plena recesión. Con el desempleo al alza y los precios subiendo.
La guerra sigue marcando la política internacional y la conciencia de una generación. Estados Unidos extiende operaciones a Camboya y las protestas contra el conflicto se intensifican dentro y fuera del país.
Salvador Allende gana las elecciones presidenciales chilenas y abre una nueva etapa política en plena Guerra Fría.
Paul McCartney anuncia su salida de The Beatles.
Lo que sí le ofrecía su trabajo era algo impagable: toda la documentación necesaria para conocer de primera mano el lenguaje, las miserias y las tácticas tanto de la policía como del submundo criminal.
Algo que desde luego contribuyó a que Los amigos de Eddie Coyle, su primera novela, fuera un bombazo editorial.
¿DE QUÉ VA?
Si os digo que Eddie Coyle tiene más problemas que amigos es posible que penséis que su vida es un infierno. No es para tanto. Lo que sucede es que Eddie no tiene amigos. No porque no quiera, sino porque en el submundo donde vive no existen los amigos. Como mucho, tipos que te caen bien.
Tampoco demasiados, por cierto.
En realidad, Eddie tiene solo un problema. Eso sí, es un marrón de tres pares de narices. Resulta que meses atrás lo pillaron mientras transportaba alcohol de contrabando y ahora tiene pendiente una audiencia en el juzgado que podría dar con sus huesos en la cárcel.
La idea de que lo enchironen no le gusta nada, claro. Tiene ya una edad, además de esposa e hijos, así que le propone un trato al poli que conoce de anteriores arrestos: él le facilita cierta información sobre un tipo que trafica con armas y, a cambio, el inspector hablará con el fiscal que lleva su tema para convencerlo de que Eddie ya es un buen chico. Y encima le hace favores al Tío Sam.
El plan es sencillo. Sin embargo, la cosa se complica porque Eddie tiene ciertas objeciones a aquello de ganarse el pan con el sudor de su frente. La idea de levantarse cada mañana para ir al curro por un puñado de miserables dólares no le seduce nada y querrá aprovechar el contacto con el traficante de armas para, a su vez, hacer negocios con cierta banda de atracadores de bancos.
Por supuesto, esa parte lucrativa de su plan se la oculta al poli.
En definitiva, Eddie quiere estar al plato y a las tajadas, algo que en los bajos fondos no suele salir bien porque siempre habrá alguien que juegue a ese mismo juego.
de Eddie Coyle
George Vincent Higgins II nació en Brockton, Massachusetts, en 1939, y murió en Milton, Massachusetts, en 1999. Fue periodista, abogado, fiscal, columnista, profesor universitario y, por si todo eso le dejaba algún rato libre, novelista.
Antes de publicar Los amigos de Eddie Coyle, trabajó en puestos vinculados a la lucha contra el crimen organizado en Boston, entre ellos como fiscal federal adjunto en Massachusetts. Dicho de otro modo: cuando Higgins escribía sobre policías, soplones, delincuentes, fiscales y abogados lo hacía con conocimiento de causa.
También trabajó para medios como Associated Press, The Boston Globe y The Wall Street Journal, y más tarde enseñó escritura creativa en la Universidad de Boston. Su gran especialidad fue el diálogo: esa forma de hacer que los personajes se delaten, se vendan, se justifiquen y se condenen sin que el narrador tenga que enrollarse demasiado.
Higgins publicó veintisiete novelas, casi una por año desde que publicó Los amigos de Eddie Coyle hasta su muerte. Sus temas favoritos eran la corrupción, el delito y las relaciones de poder.
- The Friends of Eddie Coyle (1970): su debut y la novela que lo puso en el mapa criminal.
- The Digger's Game (1973): deudas, juego y bajos fondos de Boston.
- Cogan's Trade (1974): crimen, apuestas y ajustes de cuentas; años después inspiró la película Killing Them Softly.
- A City on a Hill (1975): política, ambición y podredumbre institucional.
- The Rat on Fire (1981): incendios, especulación inmobiliaria y ese Boston donde casi nadie parece del todo limpio.
The Friends of Eddie Coyle.
Los amigos de Eddie Coyle. Un título irónico, porque Eddie no tiene ninguno, solo conocidos, contactos, deudas y problemas.
Publicada originalmente por Alfred A. Knopf a comienzos de los años setenta.
Libros del Asteroide. Colección Libros del Asteroide. Prólogo de Dennis Lehane. Traducción de Montserrat Gurguí y Hernán Sabaté. ISBN: 978-84-92663-44-6. Tapa blanda. 202 páginas.
Si quieres escuchar a delincuentes altamente cualificados, basta con un clic para acceder a esta gran novela negra moderna.
En 1973, Peter Yates dirigió la adaptación cinematográfica de la novela, con guion de Paul Monash, que también ejerció como productor.
Robert Mitchum interpretó a Eddie Coyle, acompañado por Peter Boyle como Dillon, Richard Jordan como Dave Foley y Steven Keats como Jackie Brown. La fotografía fue de Victor J. Kemper, la música de Dave Grusin y el montaje de Patricia Lewis Jaffe.
La película, distribuida por Paramount Pictures, dura aproximadamente 103 minutos. En España se conoció como El confidente, y conserva buena parte del tono seco, fatalista y nada glamuroso de la novela.
MOMENTOS ESTELARES
Mencionar que lo mejor de esta novela son sus diálogos podría quedarse corto si no añado que los diálogos superan el ochenta y cinco por ciento de la narración.
¡Qué diálogos!
Joder, leerlos es escuchar a unos tipos, y tipas, duros de verdad. Saben lo que son, saben dónde están y saben lo que toca hacer. Sin moralinas, victimismo dramático ni frases empalagosas. Humor negro, ironía, segundas intenciones, subtexto… Esto conecta con la novela negra clásica, pero lo que supuso cierta revolución en el género es la casi inexistente figura del narrador.
Esto supone que los personajes se explayen a gusto para que nosotros, los lectores, podamos entender la historia. Son extensos y, en mi opinión, uno de los referentes de esos largos diálogos que Tarantino o los hermanos Cohen nos regalan en su cine neo noir.
Para que veáis que no miento cuando afirmo lo buenos que son, os muestro estas tres perlas.
1. NO ES NADA PERSONAL
A Eddie Coyle le llaman Eddie Dedos. No es porque tenga más o menos dedos que cualquiera, sino porque tiene más nudillos de los catorce que todos tenemos en cada mano.
Sí, he dicho catorce…
Vale, os doy unos segundos para que lo comprobéis.
¿Ya? Pues seguimos.
Al inicio de la novela, Eddie le cuenta a Jackie Brown, el traficante de armas, que en realidad no son nudillos, sino los callos óseos que le quedaron cuando, en cierta ocasión, unos tipos le hicieron ver las consecuencias de las cagadas. Parece ser que le metieron la mano en un cajón y luego lo cerraron de una patada. Vamos que le hicieron un destrozo en los dedos. Eddie, tras su relato, explica lo que sintió:
"Lo que hizo que me doliera más, lo que empeoró el dolor, fue saber lo que iban a hacerme. ¿Comprendes? Estás allí y ellos te dicen que has cabreado a alguien, que has cometido un gran error y que ahora hay alguien chupando talego por ello y que no es nada personal, entiéndelo, pero tiene que hacerse. (…) Son tipos a los que ves constantemente, tipos que a lo mejor te caen mal o no, con los que has tomado una copa o has salido a buscar tías. «Eh, Paulie, escucha, no es nada personal, ¿sabes? Has cometido un error. La mano. No quiero tener que pegarte un tiro, ¿vale?»"
2. LAS REGLAS DEL JUEGO
Algo que me ha encantado es que los malotes asumen sus correrías como un trabajo cualquiera. Es su profesión y, como tal, tiene reglas que deben cumplirse.
En el siguiente momento estelar, Valantropo, un miembro de la banda de atracadores de bancos, afea a Webber, otro atracador, que haya disparado a un empleado del banco que había apretado el botón de la alarma cuando ya estaban saliendo. Durante la escapatoria, se produce este intercambio:
"—Escucha —dijo Webber—. El tipo tocó la alarma, joder. ¿O no lo hizo? Y eso que lo habíamos avisado. Si le dais a la alarma, os haremos daño. Por el amor de Dios, vaya si lo dijimos. Y como no hicieron lo que les dijimos, no me quedó más remedio. No me importa. Era lo que había que hacer.
—Cuando ya tienes el dinero, no hay por qué —dijo Valantropo—. Si pasa cuando acabas de entrar, estoy de acuerdo contigo, tienes que protegerte, por supuesto, pero si ya tienes el dinero, si ya te marchas, no. Cuando estás a mitad de camino de la puerta, ¿en qué te beneficia eso? ¿Detiene eso la alarma? No, lo único que haces es empeorar las cosas."
3. WANDA NO LLEVA BRAGAS, PERO SÍ OÍDO
Por último, hay una escena divertidísima que muestra perfectamente cómo se pueden criticar cosas como el machismo sin caer en rollos ideológicos ni cursilerías varias. Solo mostrando.
Os pongo en situación. Eddie va a ver a Scalisi, que con ese nombre ya podéis deducir que es el jefe de la banda de atracadores. El caso es que en esa casa se encuentra Wanda que, al parecer, no suele llevar bragas y, además, se enciende rápido cuando el tal Scalisi le mete mano ahí abajo. Bueno, Wanda, que no tiene bragas pero sí oído, lo escucha y aparece en escena para dejar claras un par de cosas.
"—Que te jodan —replicó Wanda—. Te he oído hablar de mí mientras estaba en la cocina. ¿A él qué coño le importa si llevo bragas o no? ¿Qué soy yo? ¿Algo para fanfarronear? Mi hermano pequeño habla de su maldito Mustang del mismo modo que tú hablas de mí. “Meto la mano ahí abajo y se enciende.” Por el amor de Dios, creía que nos gustábamos. Mierda.
—¿Tú también tienes este problema, Eddie? —le preguntó Scalisi.
—Sí —respondió Eddie—, distinto, pero es lo mismo. Todo el mundo lo tiene, ¿no?
—Que te jodan a ti también —le dijo Wanda.
—Me parece que todo es culpa de ese movimiento de liberación de la mujer —dijo Scalisi—. Eso no lo entiende ni Cristo.
—Lo que pasa es que tienen pocas preocupaciones —dijo Coyle—. Ya sabes, todo el día sin hacer nada…
—Yo trabajo —dijo Wanda—. Probablemente más que vosotros dos juntos, capullos. Y no me mantiene nadie."
POR SI ME PREGUNTAS TE CUENTO QUE...
Que el papel del narrador se reduzca al de mero apuntador de situaciones y lugares tiene consecuencias.
Nadie nos lleva de la mano. Somos nosotros, como lectores, los que tenemos que apañarnos para componer la historia mientras escuchamos lo que los personajes, con su argot callejero, se cuentan entre sí. De esa forma nos enteraremos de sus planes, además de, por supuesto, cómo son y cómo ha sido su vida.
Eso, claro, exige algo al lector: atención.
Esta novela y autor parten de que somos adultos e inteligentes. Al contrario de cosas como La asistenta. ¿La habéis leído? Puff, es como volver a ver Barrio Sésamo y aquello de "esto es arriba, esto es abajo".
Higgins, con una narración a golpe de diálogo, consigue sacarle todo el jugo a un argumento sencillo como es que un delincuente trate de engañar a los polis y a los malotes en beneficio propio.
De hecho, diría que el argumento es lo de menos. La intención es mostrar un mosaico de tipos, y tipas, que viven la delincuencia como quien se coge el metro el lunes por la mañana de camino al trabajo. A veces te pillan o te rompen los dedos. Son gajes del oficio. Pero ninguno de los malotes quiere sangre si eso no le supone un beneficio, ni quiere estar rodeado de chiflados incontrolables que te metan en problemas.
Es la vida como es, y el autor se limita a mostrarla. Sin sermones, ni panfletos ni victimismo empalagoso. No juzga ni suelta rollos ideológicos. Respeta tanto al lector que le da la libertad para que él mismo saque sus conclusiones.
Como siempre debería ser una novela negra.
TE GUSTARÁ SI...
Si eres aficionado al género negro o, simplemente, te encanta escuchar conversaciones ajenas te va a encantar. Es de esas novelas que hay que comprar en físico y guardarlas como una joya en tu librería.
Por el contrario, no es la novela ideal para quienes quieran iniciarse en el género. El hecho de que la historia la cuenten los personajes de primera mano y mencionen de manera natural cosas como los pactos con fiscales, la importancia del uso de pistolas limpias y demás tejemanejes del mundo criminal puede necesitar de cierto período inicial de adaptación antes de empezar a disfrutarla.
No obstante, sé tú mismo quien lo valore respondiendo a estas sencillas preguntas:
1. ¿Eres de los que llaman al pan pan y al vino vino?
2. ¿Te emocionas leyendo cosas como: “Su piel se hizo claridad y destello, hasta que un día solo fue luz”?
3. ¿Pagarías cien euracos por asistir a conferencias tipo “Vivir y trabajar con entusiasmo”?
EL VEREDICTO FINAL
Por todo lo expuesto, en mi opinión…
Y esto es todo por hoy. Quedáis invitados a pasaros por este rincón nada recomendable la semana que viene.
Hasta entonces, sed muy felices y moderadamente malvados.
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